lunes, 22 de octubre de 2018

LA MANZANA PODRIDA





   Nuestros políticos, se pongan como se pongan, han perdido en una inmensa mayoría, toda la credibilidad, sólo espero que en sucesivas convocatorias electorales, el voto en blanco vaya subiendo, hasta que las fuerzas políticas existentes modifiquen de forma drástica su forma de organizarse y dirigirse, convirtiéndose en verdaderos partidos democráticos. Lo tienen muy difícil por su propio anquilosamiento y “rancio abolengo”. Hace unos años, antes de que surgiera la coalición de izquierdas liderada por Pablo Iglesias y su séquito y el partido comandado por Albert Rivera, el que escribe, pensaba utópicamente que lo ideal sería que surgieran “fuerzas nuevas”, (no confundir con el nefasto partido liderado antaño por el innombrable B.P.), que partiendo de la “nada” supieran canalizar lo que los ciudadanos corrientes y molientes demandaban, que no es otra cosa que el sentido común, dejando de lado los intereses partidistas y las prácticas de corrupción.
    

   Allá por Mayo de 2012 Miquel Casals Roma escribió un excelente artículo titulado EL FIN DE LA DEMOCRACIA, de él me permito ahora extraer un fragmento que tituló  La manzana está podrida. Se puede decir más alto pero no más claro, vamos, las verdades del barquero.


 Miquel Casals Roma

    ¿Qué les sucedió a las flamantes democracias surgidas tras la Independencia de los USA y la Revolución francesa? Que nada humano dura para siempre. Los sistemas políticos tienen su ciclo, como una manzana y el nuestro está más que podrido.

   Tras décadas de funcionamiento, las instituciones democráticas han ido pervirtiendo sus ideales, deslizándose por una suave pero continua pendiente de corrupción.  Las elecciones se han transformado en escaparate y desfile de técnicas de marketing e imagen, sin generar verdaderos y profundos debates de ideas. Con el tiempo fueron arrinconándose los ideólogos para que el protagonismo pasase a los asesores electorales.
   
   Al mismo tiempo la prioridad de los programas políticos ahora se limita a obtener votos. Por poner un ejemplo, Zapatero prometió a los votantes el cheque bebé, los descuentos del IRPF, los ordenadores en las escuelas. No eran medidas coherentes, ni buscaban efectos beneficiosos a largo plazo. Su principal objetivo era ganar las elecciones. Fueron tan poco consistentes que, después de aplicarse unos pocos años, se eliminaron de forma fulminante cuando las arcas del Estado se resintieron. Pura humareda, como la mayoría de promesas electorales. Muchas de ellas ni tan siquiera se cumplen, porque los políticos tienen poco apego a la verdad y mucho a los matices. 



   

   Unos años después y ya consolidados  PODEMOS Y CIUDADANOS, con una muy estimable representación en el parlamento del Estado y en el resto de instituciones políticas de ámbito nacional, autonómico y local, nos encontramos con una situación distinta pero no mejor. Es verdad que el bipartidismo es historia y el abanico de opciones políticas de cara a las elecciones venideras es bastante más amplio, lo que aparentemente y en la práctica pudiera parecer enriquecedor, pero el parlamento se ha convertido  en un galimatías con opciones políticas incapaces de ponerse de acuerdo en cuestiones fundamentales para que nuestra querida España avance y salga del atolladero tan complicado en que se halla sumido desde hace ya demasiados años. 

    Una de la cuestiones más importantes a resolver es el tema de la identidad de los españoles, enfrentados últimamente en dos bandos antagónicos de una manera tan artificiosa como estéril. Enfrentados, decía,  más que nunca, más que siempre: rojos contra fachas, independentistas contra españolistas, "azules contra coloraos", como si estuviéramos en las procesiones de Semana Santa de Murcia, Lorca o Cartagena, "manda güevos", como diría el otro iluminado. Hay quienes de forma pesimista contemplan el panorama actual  como el vivido por nuestros antepasados en los años 20-36, y lo peor es que también son bastantes, los que ansían que se adopte una solución similar a la dada por el nefasto caudillo al hacer estallar la guerra civil en 1936. 
    



Afortunadamente hay mentes preclaras que tienen la lucidez de mandar mensajes tan positivos como el que desde su juventud remitió a una red social una chica malagueña hace unos días:

La joven malagueña Laura Morenoestudiante de Bioquímica, se ha convertido en todo un fenómeno viral después de que una reflexión suya sobre "ser español" haya sido compartida más de 300.000 veces en la red social Fabebook y haya recibido casi 40.000 comentarios. Lo curioso, para los estudiosos de las redes sociales, es que la malagueña apenas tenía 400 amigos en Facebook, pero su reflexión, en pleno proceso secesionista, se ha convertido en todo un fenómeno en las redes sociales
Ser español no es llevar la bandera, ni gritar como un berraco frases de odio que espero que no sientas. Tampoco lo es ponerse una pulserita en la muñeca, ni cantar el cara al sol. El concepto de ser español es algo totalmente distinto, o al menos lo debería ser, porque a estas alturas de la historia yo ya no sé qué decirte.
Como española que soy, te voy a contar lo que para mí es ser español: 
Ser español es arder cuando arde Doñana o temblar cuando tembló Lorca; es sentarte a escuchar historias de meigas en Galicia y llegar a creértelas; es ir a Valencia y no sentir rabia por leer un cartel en valenciano, sino que te agrade poder llegar a entenderlo y es presumir de que las Canarias nada tienen que envidiarle al Caribe.
Sentirse español es sufrir por no haber podido vivir la movida madrileña, enamorarte del mar al oír Mediterráneo de Serrat, es pedirle borracha a tu amiga catalana que te enseñe a bailar sardanas, querer ir a Albacete para comprobar si su feria es mejor que la de Málaga y sorprenderte al ver lo bonita que es Ceuta. 
Para mí ser español es presumir de que en Andalucía tenemos playa, nieve y desierto; sentir casi mérito mío que un alicantino esté tan cerca de un Nobel, pedirle a un asturiano que me enseñe a escanciar la sidra y morirme de amor viendo las playas del País Vasco en Juego de Tronos. 
También es española la cervecita de las 13.00, el orujo gallego, la siesta, el calimotxo, la paella, la tarta de Santiago, las croquetas de tu abuela y la tortilla de patatas. Lo son las ganas de mostrarle lo mejor de tu ciudad al que viene de fuera y que tú le preguntes por la suya; es hacerte amiga de un vasco y pedirle que te enseñe los números en euskera, por si pronto vuelves a por 2 ó 3 pintxos; es enorgullecerte de ser el país ejemplo a nivel mundial en trasplantes, de formar parte de la tierra de las mil culturas y de ser los del buen humor. 
No hay nada más español que se te pongan los vellos de punta con una saeta o con una copla bien cantá, atardecer en las playas de Cádiz, descubrir casi sin querer calas paradisiacas en Mallorca, hacer el camino de Santiago en septiembre maldiciendo el frío o que Salamanca y Segovia te enseñen que no hay que ser grande para ser preciosa.
Así que, acho, picha, miarma, perla, tronco, tete, mi niño… eso es ser español, lo otro es política. Pero si de política quieres impregnar este concepto, también te vuelvo a decir que te equivocas: porque ser español no es desear que le partan la cara a nadie, es sufrir la situación de paro de tu vecino o el desahucio que has visto en la tele; ser español no es oprimir el SÍ o el NO de toda una comunidad autónoma, es indignarte cuando nos llaman gilipollas con cada nuevo caso de corrupción; ser un buen español es querer que en tu país no haya pobreza, ni incultura, ni enfermos atendidos en pasillos del hospital y, joder, querer quedarte aquí para trabajar y aportar todo lo que, durante tanto tiempo, precisamente aquí has aprendido.
Eso es ser español, o al menos, eso espero.




https://youtu.be/-OE_C3LNBgA


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 “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos” (Winston Churchill)

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