miércoles, 3 de octubre de 2018

CRISIS, WHAT CRISIS?


   Voy a exponer aquí una charla que di hace cuatro años en un Centro de Salud, dirigida al personal facultativo y a un nutrido grupo de usuarios. Las cosas desde entonces han cambiado poco, si es que no han empeorado, a pesar de que muchos politiquillos de tres al cuarto se empeñen en machacarnos con la idea de que por fin hemos salido de la crisis, gracias a sus ¨fenomenales políticas” de ajuste, cuando lo que en realidad han hecho es precarizar el empleo, permitir que bajen dramáticamente los salarios, llevárselo puesto y  permitir o participar, sin  escrúpulo alguno, de innumerables actos de corrupción, y un largo etcétera de medidas que han debilitado el sector público en materias tan importantes como la Sanidad, la Educación y los servicios sociales. Todo lo anterior,  mezclado en una macabra y ruin coctelera, hace que las diferencias socioeconómicas entre el pueblo llano (la gente corriente y los más desfavorecidos) respecto a la controvertida  “élite” empresarial y “supermegaguais” de las altas finanzas, sean cada vez más grandes.


CRISIS ECONÓMICA Y SALUD MENTAL

 No es el objetivo de esta presentación analizar las causas de la crisis económica que está azotando desde hace ya demasiados años al mundo occidental y de forma especialmente virulenta a nuestro país. Aunque los primeros datos de la crisis se empezaron a constatar a lo largo de 2007, ésta se hizo más patente en Septiembre de 2008 con la quiebra en Estados Unidos del banco de inversión Lehman Brothers, por las llamadas hipotecas subprime o “basura”, hecho que provocó una drástica bajada en los mercados financieros que colapsó una de las mayores aseguradoras del mundo AIG, junto con otras importantes compañías hipotecarias.
 
      La crisis financiera internacional sumada a las crisis individuales de cada uno de los países han colocado al mundo occidental en una complicada situación, de la que sin duda saldremos, pero probablemente, ya nada volverá a ser como antes.

     Centrándonos en España y su crisis económica propia, nos podemos preguntar: ¿Es consecuencia de la crisis financiera internacional? Es evidente que no. La crisis española es algo propio, labrado desde dentro y para dentro, agravada por la crisis financiera internacional. En los años previos a la crisis, el sector inmobiliario se desarrolló convirtiéndose en uno de los motores de la economía española, forjando alrededor una potente industria de materias primas, un potente sector de la construcción, un potente sector inmobiliario y un potente sector de bienes de equipo. La cantidad de empleo concentrado en estos sectores fue inmensa, afectando así al sistema financiero, ya que la mayoría del crédito que se daba en España por parte de los bancos y las cajas era al sector inmobiliario, ya fuera por parte de la oferta (constructoras, promotoras, inmobiliarias, etc.) para llevar a cabo sus proyectos o por parte de la demanda (particulares y empresas que compraban casas, pisos, edificios, etc. por medio de las hipotecas). No hay que olvidar a las administraciones locales y autonómicas prácticamente centraron su financiación en este tipo de proyectos – venta de suelo con recalificaciones, participación en proyectos de construcción, impuestos referentes, etc. -.

     Cuando la burbuja inmobiliaria estalla, arrastra a toda la economía. Arrastra a las constructoras e inmobiliarias que pierden su negocio, y todos los negocios que había detrás. Empresas que quiebran y dejan de pagar sus créditos ya que sus proyectos fracasan, y gente que se queda sin trabajo por la misma razón, dejando de pagar sus créditos e hipotecas. Por lo que se produce una crisis de liquidez en la banca española. El crecimiento de la morosidad lleva a la banca a una situación muy complicada. El ahorro en España ha sido mucho menor a la inversión, por lo que hemos tenido que ir fuera a financiarnos, convirtiéndonos en el país con segundo mayor déficit de nuestra balanza comercial – importaciones mucho mayores a las exportaciones -. Este déficit genera un gran coste de intereses que resulta muy difícil sostener a lo largo del tiempo. A esto se suma el endeudamiento general de las empresas y las familias españolas, este endeudamiento ha sido tan elevado, que en cuanto que el Euribor ha subido o cuando se ha producido una contingencia, las familias han quebrado, dejando de pagar sus deudas.

     Por otro lado está la sobredimensión del sector público y del Estado que han endeudado al país, con déficits enormes, que actualmente no se pueden sostener. Hay muchas duplicidades (o triplicidades) en funciones, en procedimientos, en ventanillas, en legislaciones. Hay un elevado gasto corriente, innecesario e improductivo. Un país con la pirámide de población invertida, donde los jubilados tienden a ser más que la población activa, y con seis millones de parados, no es un país sostenible. ¿Cómo pagamos todo esto?

     Desde que la crisis económica estalló, sus efectos se han ido notando de forma cruel en todos los ámbitos de la vida, la palabra “crisis” se ha ido interiorizando dentro de las personas hasta convertirse en una de las palabras más utilizadas y escuchadas en el día a día, en los Telediarios, periódicos, tertulias radiofónicas, en charlas informales en el bar o en casa. Todas ellas con la palabra “crisis” como protagonista.

     A todos nos chirría como un martilleo contumaz los términos “prima de riesgo”, la burbuja inmobiliaria, el dichoso aumento del déficit público, la recesión, la inflación y la deflación, la caída del PIB, la necesidad de hacer recortes para contener la deuda, la necesidad de flexibilizar el mercado laboral, la despiadada acusación de prestigiosos economistas y políticos, culpándonos de la crisis a los ciudadanos de a pié, por “haber vivido por encima de nuestras posibilidades”, se nos exige que nos apretemos el cinturón y aceptemos estoicamente las medidas de austeridad cuando no cesan de aparecer en los medios de comunicación noticias relacionadas con la corrupción de la clase política que parece vivir al margen de las penalidades que pasan cada vez más ciudadanos. Lo cierto es que, a pesar de la mejoría de las cifras de la macroeconomía que nos quieren vender como indicativas de que estamos saliendo de la crisis, estamos en cifras de desempleo del 26% de la población activa, con 6 millones de parados, el número de hogares con todos sus miembros en paro son ya casi 2 millones (11% de los hogares), la tasa de pobreza ha crecido del 23.9% al 26,8% del 2006 al 2012, en el mismo periodo el porcentaje de hogares con la persona principal en paro ha pasado del 6 al 21.4%, se duplica del 25 al 50% el porcentaje de parados de larga duración, aumenta incluso el porcentaje de trabajadores pobres del 10.7 al 12,7 tras la reforma del mercado laboral. El número de personas sin prestaciones ayudadas por Cáritas ha pasado de 370.000 en 2007 a más de un millón en 2011 y la cifra sigue creciendo.

     Ya en 2008 la OMS advirtió que el drama de la crisis tendría importantes consecuencias en la salud mental de la población. En los últimos años el aumento del desempleo, el incremento de la pobreza y los recortes en el gasto público, que ha afectado especialmente a la sanidad, a la educación y a las prestaciones sociales, así como la elevación de impuestos como el IVA y el incremento de todo tipo de tasas han conducido a un detrimento notable de la salud mental de los ciudadanos. La evidencia científica ha puesto de manifiesto, de manera consistente, que las personas que sufren una situación de desempleo, recortes en sus ingresos y conflictos familiares presentan un riesgo significativamente mayor de padecer algún tipo de problema de salud mental (principalmente depresión, ansiedad, trastornos por abuso de alcohol y suicidio) en comparación con la población general.

       Por otro lado, la relación entre crisis económica y salud mental es bidireccional de manera que los problemas de salud mental también tienen una repercusión grave en el desarrollo económico de un país, se estima que suponen del 3 al 4% del Producto Interior Bruto. Por todo ello, la Oficina Regional Europea de la OMS en un informe reciente, insiste en la necesidad de proteger la salud mental de los ciudadanos, principalmente en tiempos de crisis. Para ello propone diferentes líneas de acción, entre las que se incluyen la mejora del acceso a los servicios de salud mental y la implantación de programas activos de acceso al mercado de trabajo. En relación con la primera propuesta, el texto incluye un apartado específico para la atención de las personas que presentan un alto riesgo de problemas de salud mental en los Servicios de Atención Primaria, mejorando la formación de los profesionales sanitarios y la coordinación con los Servicios de Salud mental para facilitar el acceso a tratamiento de los pacientes, así como para realizar una labor de prevención de los trastornos mentales y detectar de manera temprana estos problemas. Hay evidencia científica de que los servicios de apoyo psicológico en Atención Primaria inciden de manera positiva en la recuperación del empleo, mediante programas de entrenamiento en estrategias de afrontamiento, programas de resolución de problemas para la prevención de la depresión y el suicidio y programas de intervención psicológica breve en Atención Primaria para las personas con abuso de alcohol.

    En los servicios de Psiquiatría y Centros de Salud Mental no se ha constatado como consecuencia de la crisis económica un aumento en la incidencia y/o prevalencia de los trastornos mentales graves pero sí se percibe un mayor grado sufrimiento en los pacientes y sus familias causado por los recortes que afectan de manera drástica a las prestaciones sociales (pensiones, subsidios de desempleo, ayudas a la dependencia, subvenciones públicas a instituciones de rehabilitación y reinserción laboral, ayudas a asociaciones de familiares y enfermos mentales, pisos protegidos, plazas residenciales etc.). Si ya en épocas de crecimiento económico, las personas con patologías mentales severas tenían dificultades para entrar en el mercado laboral, en la coyuntura actual de grave recesión económica pueden quedar literalmente excluidas. Otro factor añadido es que, debido a la imperiosa necesidad de contención del gasto farmacéutico, en no pocas comunidades se está volviendo a utilizar medicamentos que habían caído en desuso y que no tienen la misma eficacia terapéutica que otros de más reciente introducción, mucho más costosos.

      Las patologías psiquiátricas más frecuentemente relacionadas con la crisis económica, nosológicamente entrarían en los trastornos mentales menores:
 Trastornos Adaptativos, cuadros depresivos, trastornos de ansiedad, trastornos somatomorfos, trastornos mentales y del comportamiento derivados del consumo de sustancias (alcohol y otros tóxicos), etc. Todos ellos reactivos, en mayor o menor medida a la precariedad económica resultante de situaciones de desempleo y condiciones laborales inestables y de muy baja remuneración.

  También contribuye al desarrollo de estas patologías el clima de incertidumbre y pesimismo generalizado que se percibe en la calle y en los medios de comunicación. Se trata de una crisis económica, pero lleva añadida una crisis de valores de la sociedad de la globalización que nos ha tocado vivir, en la que la necesidad de satisfacer de forma inmediata nuestros deseos y la muy escasa tolerancia a la frustración o situaciones de adversidad, nos conduce a percibir de forma dramática y catastrófica situaciones que, afrontadas con una actitud más sosegada y responsable, resultarían más llevaderas.

       El desempleo es la mayor lacra asociada asociada a la crisis económica, produce un deterioro de la salud, tanto mental como física, acarrea numerosas consecuencias, y no sólo de tipo económico. En nuestra sociedad, el trabajo marca la pauta de nuestra ordenación del tiempo, de nuestras relaciones sociales y de nuestra identidad personal. Para superar la pérdida de empleo, la persona tiene que esforzarse sobre todo en no permitir que dicha pérdida no le desestabilice por completo, es fundamental mantener el ritmo de vida, la actividad física, la búsqueda de empleo, la formación y muy especialmente las relaciones sociales. El ser humano es fundamentalmente un ser social y, todo lo que nos aísla, nos acaba destruyendo. El riesgo de padecer problemas psíquicos es cinco veces mayor en desempleados sin subsidio que en los activos, en los parados con subsidio, la relación con los activos es sólo dos veces mayor. En personas con empleo precario, el malestar psíquico puede ser incluso mayor que en desempleados, ya que además del bajo sueldo, sufren la inestabilidad presente e inseguridad en el futuro, suelen tener baja consideración social, se enfrentan a jornadas extenuantes, con elevado estrés y exigencias y frecuentemente sufren amenazas de despido.

   La pérdida de empleo es el principal factor de riesgo de aparición de problemas de salud mental tales como la ansiedad, el insomnio, la depresión, el consumo de alcohol y las conductas disociales y autolesivas. Lógicamente, la consecuencia más grave es el suicidio y son personas de especial riesgo los varones en paro sin subsidio, con abuso de alcohol, y amenaza de embargo o desahucio. En España, en un estudio realizado con datos oficiales de 2005 y 2010 se ha encontrado un aumento relativo del 8% en la tasa de suicidio, siendo más relevante en varones de 40 a 64 años.


Medidas para mitigar el impacto de la crisis en la salud mental de la población

       La Oficina Regional para Europa de la OMS en su informe de 2011 propone desarrollar programas activos de empleo, dar apoyo a las familias con dificultades económicas y potenciar los servicios básicos de salud (y salud mental), mejorando su accesibilidad. Junto a lo anterior aconseja establecer programas de apoyo psicológico, orientados a la prevención y detección precoz de los problemas de salud y centrados en intervenciones psico-educativas y psicoterapéuticas breves, eficaces y adaptadas a las necesidades de la población.

   Contar con redes sociales sólidas – familia, amigos, etc.- constituye un soporte psico-físico natural de primer orden frente a la crisis y los efectos negativos del desempleo.






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