domingo, 16 de septiembre de 2018

DE VUELTA

   Tras un largo periodo de aletargamiento por distintos motivos que no viene al caso comentar, por fin me he decidido a publicar una nueva entrada en este blog, cosas de "La Mente dormida". Han sido cuatro años de barbecho en cuanto a mi actividad como "escribidor", sería una pedantería considerarme escritor. Han pasado muchas cosas en este tiempo, la vida no se detiene, el panorama político no ha cambiado mucho, por no decir que ha ido a peor, los casos de corrupción siguen siendo el pan nuestro de cada día, nuestros gobernantes y en general, la clase política, sigue yendo a defender únicamente sus intereses partidistas y hacen de la confrontación, las más de las veces barriobajera, su herramienta de actuación. La crisis socioeconómica está muy lejos de resolverse, por mucho que los que dirigen los designios de nuestro país se empeñen en decirnos que ya quedó atrás, que las cifras de la macroeconomía así lo reflejan. Es cierto que ha bajado la tasa de desempleo, que hay crecimiento económico, que la banca está más saneada, que se ha contenido la temible prima de riesgo, que las agencias de calificación ya no auguran un futuro tan desolador para la viabilidad de España como día sí y día también anunciaban los medios de comunicación hace unos años. Pero, ¿a qué precio se ha conseguido todo esto?, la precarización del empleo y los míseros salarios de una no desdeñable proporción de las personas que trabajan, son hechos incuestionables, por no hablar de las dificultades para integrarse en el mercado laboral de la mayoría de jóvenes que terminan, o no, sus estudios, son "ninis" forzosos, o se "conforman" con sueldos permanentes de becarios, o viven bajo el paraguas de los padres o se ven obligados a lanzarse a la incierta aventura de emigrar a países donde probablemente también van a ser explotados.   
   
   No se si la situación tiene solución, algo tiene que cambiar, pero soy excéptico respecto a que ésta se pueda encontrar a corto plazo con estos mimbres. No obstante, hay que ser positivo  y capear el temporal con los medios que cada uno tenga a su alcance, siempre limitados, combatiendo la intolerancia creciente en algunos sectores de la sociedad, por ejemplo con la población inmigrante y personas en riesgo de exclusión, no por caridad cristiana ni compasión sino por justicia social.