jueves, 28 de agosto de 2014

CRISTINA Y LA JIMAGUA (IV)

   
  Apenas dos semanas después ya se habían instalado en la nueva casa. Le costó alguna lágrima dejar el apartamento que hasta ahora había compartido con su amiga Clara, pero en un efusivo abrazo de despedida, se hicieron mutuamente la firme promesa de verse al menos una vez por semana fuera de la escuela. 

  El excelente gusto de Cristina para la decoración convirtió en pocos meses la vivienda en el hogar que siempre había soñado tener y con Armando a su lado, se sentía la mujer más  dichosa del mundo.

    En Junio de 1960 vino al mundo su primer hijo, José Manuel. Su nacimiento supuso un cambio importante en la vida de Cristina ya que le obligó temporalmente a dejar su trabajo en la escuela y Armando estaba, muy a su pesar según él mismo le aseguraba, cada vez más involucrado en actividades políticas, al margen del trabajo en el hospital, no en vano le habían dado un cargo relevante en el Ministerio de Leyes Revolucionarias. Con su optimismo y entrega de siempre, Cristina se hacía cargo de las tareas domésticas y la crianza de su hijo y apoyaba totalmente a Armando, el poco tiempo que compartían lo vivían de forma intensa y se sentía pletórica.

   Un día de Octubre de 1962, una noticia aparecida en el periódico “Noticias de Hoy”, que hojeaba cada noche mientras aguardaba la llegada de su marido, provocó en Cristina  un mal presagio. El diario recogía a cuádruple página la visita a La Habana del primer ministro de Argelia, Ahmed Ben Bella, el primero tras la consecución de la independencia de Francia del país norteafricano tres meses antes. José Manuel dormía plácidamente en su habitación y Cristina se preparó una infusión relajante a base de mate, valeriana y pasiflora. Tenía que calmar su desasosiego interior antes de la vuelta a casa de Armando, no tanto por no preocuparle como por no poder dar una explicación racional a su estado de crispación y nerviosismo. En su fuero interno estaba convencida de sus “habilidades premonitorias” y su intuición para prever eventos futuros, casi siempre luctuosos, pero nunca había hablado de ello a su marido y no lo iba a hacer ahora.


   Cuando finalmente llegó Armando a casa, pasada la medianoche, encontró a su esposa dormida en su mecedora favorita, la acompañó sin mediar palabra a la cama y se acostó a su lado. No sabía qué había ocurrido pero era la primera vez que no le esperaba despierta y por su pelo alborotado, el periódico hecho un amasijo de papel en el suelo y el desorden que pudo apreciar en la cocina al conducirla por el pasillo hasta el dormitorio, tenía la certeza de que su amada no había tenido un buen día.

CRISTINA Y LA JIMAGUA (III)

    Las semanas siguientes transcurrieron a un ritmo vertiginoso. Cristina era una enamorada de su trabajo de maestra y a él se dedicaba en cuerpo y alma, pero ahora tenía que compaginarlo con la relación recién iniciada y que suponía un aliciente añadido, esperaba cada semana con  cierta turbación el momento en que se iba a encontrar con Armando, quien por su parte tenía un horario sobrecargado en el hospital y además participaba activamente en una comisión gubernamental que preparaba un ambicioso y renovador  Plan de Salud Pública.
   
     En las horas que compartían los fines de semana intentaban disfrutar al máximo, dejando al margen la política en sus temas de conversación, así como las dificultades cotidianas de sus trabajos respectivos. Asistían a eventos culturales, a reuniones con amigos en las que casi siempre estaba presente la música como elemento aglutinador y, por supuesto, siempre encontraban un hueco para citas más íntimas en lugares que tenían que ir improvisando, puesto  que ninguno de los dos disponía de vivienda propia. Ambos eran debutantes en el juego del amor pero cualquiera lo diría dada la intensidad de sus encuentros sexuales.

     La ajetreada vida en La Habana contrastaba con la melancólica quietud del pueblo y de la hacienda familiar. No había vuelto allá desde la muerte de su hermano Francisco pero, con periodicidad quincenal,  intercambiaba cartas con su querida hermana María, que expresaba en sus misivas lo mucho que la echaba de menos y le transmitía lo triste que estaba su madre desde el fallecimiento de Francisco pero sobre todo, desde su propia marcha a la capital. Doña Adela nunca se quejaba pero su empuje y optimismo de antaño habían tornado en una mezcla de ensimismamiento esporádico y actitudes de desesperanza. Embargada por los sentimientos de culpa, Cristina se prometió a sí misma pasar una temporada con ellas durante las siguientes vacaciones.

   Una calurosa tarde de Septiembre de 1959 y de forma sorpresiva, se presentó Armando en la puerta del colegio, sabedor de que su amada no andaba de muy buen humor últimamente por la añoranza de su familia. Lucía un aspecto radiante y portaba, en la parte trasera de su destartalado descapotable, los planos de un apartamento que había adquirido en el centro de la ciudad y que quería enseñar a Cristina. Llegaron a la puerta del edificio que, aunque antiguo, estaba recientemente remozado y tenía un aspecto deslumbrante. Subieron a la cuarta planta y allí estaba el piso que iban a compartir, amplio, luminoso, coqueto.  Emocionada, abrazó a Armando y susurrándole al oído, le preguntó:  - ¿Cuántos hijos vamos a tener? -.  A lo que él respondió:  - Los que tú quieras, princesa, si quieres encargamos hoy mismo el primero-.

http://viajesatravesdelpendulo.blogspot.com.es/2014/08/cristina-y-la-jimagua-i.html

http://viajesatravesdelpendulo.blogspot.com.es/2014/08/cristina-y-la-jimagua-ii.html

martes, 26 de agosto de 2014

HOMENAJE A CORTÁZAR

  1. “Ahora que estamos tan lejos, ya no te hablo con las palabras que solo han servido para no entendernos”.
  2. “Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos”.
  3. “Creo que todos tenemos un poco de esa bella locura que nos mantiene andando cuando todo alrededor es tan insanamente cuerdo”.
  4. “Era el sufrimiento gozoso, como la picazón bien rascada, sangra pero te gusta a la vez”.
  5. “Fui una letra de tango para tu indiferente melodía”.
  6. “La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos”.
  7. “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”.
  8. “Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”.
  9. “Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra”.
  10. “Me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado”.
  11. “No estarás para nada, no serás ni recuerdo, y cuando piense en ti pensaré un pensamiento que oscuramente trate de acordarse de ti”.
  12. “Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo ; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso”.







   

    Julio Cortázar habría cumplido este martes cien años, uno de los escritores que    revolucionó las letras hispanoamericanas desde los años 50, principalmente con    sus  relatos, aunque también dejó su huella en el campo de la novela y la poesía.


   Nacido en la embajada argentina en Bruselas un 26 de agosto de 1914, un mes después del comienzo de la I Guerra Mundial y días antes de la invasión alemana de Bélgica, Cortázar volvió a los cuatros años a la ciudad de origen de sus padres, Buenos Aires. La ciudad porteña alojó al escritor hasta que su hartazgo del gobierno peronista le llevó a París en 1951, donde trabajó como traductor para la UNESCO y donde moriría a los 69 años a causa de una leucemia. Adoptó la nacionalidad francesa en 1981 en protesta contra la última década de la dictadura militar argentina. Aseguraba que en su juventud soñaba con París y que en su vejez añoraba Buenos Aires.

Cuentos, relatos y novelas

   Bestiario (1951), Final del juego (1956), Todos los fuegos el fuego (1966) o Queremos tanto a Glenda (1980) son algunos de los títulos más emblemáticos de sus recopilaciones de cuentos, que supusieron un antes y un después para el género.
    Pero en el legado de Cortázar destacan la emblemática novela Rayuela (1963), un juego de capítulos con final abierto que da la libertad de elegir el orden al lector, y la obra Historia de cronopios y de famas (1962), formada por cuentos cortos y fragmentos con tintes surrealistas sobre la sociedad de su época.
    También en la poesía, un género donde no encontró el mismo reconocimiento, aportó textos como Pameos y Meopas (1971) o Salvo el crepúsculo (1984).

   "Es el escritor argentino internacional que de alguna manera exportó un imaginario local", explicaba  Coelho, mientras que Kohan subrayaba que fue uno de los primeros en "escribir la historia a través de los perdedores".

    "Fue uno de los grandes autores que nos hizo despertar y ver la literatura de otro modo, con una reivindicación muy importante del cuento", explica a Europa Press la escritora Soledad Puértolas, quien ha resaltado la relación "entre la magia y lo cotidiano" que desprendía la literatura de Cortázar. "No es realismo mágico, pero la magia está ahí, en lo cotidiano y al lado del elemento de sorpresa. Se trata de la magia de los misterios de las personas, la confianza en el azar o la esperanza".
  Ricardo Menéndez Salmón califica a Cortázar como "un gigantesco popularizador" del género del relato. "Es un escritor mayúsculo en ocasiones, ha hecho muchísimo por el género. Cortázar fue una "lectura de juventud" a la que llegué mientras me formaba como escritor. La labor del cuentista hispanoamericano dejó una "impronta irrenunciable" para muchos escritores españoles, que en cierta forma han debido de "pagar el 'peaje Cortázar". 
     A su muerte, el autor de Rayuela dejó más de cuatro mil volúmenes en su biblioteca personal. Fue un escritor metódico que no soportaba las erratas.

Añadir leyenda





miércoles, 20 de agosto de 2014

REDES Y MÚSICA

    Durante las últimas semanas, quizás por estar de vacaciones y no tener que atender las obligaciones laborales y sociales habituales, he aumentado mi contacto con antiguos compañeros de colegio e instituto y amigos de andanzas juveniles, por supuesto a través de grupos de whatsapp, esta red social tan denostada por algunos.
 
    Está resultando entretenido y divertido porque, al margen de las trivialidades de rigor, nos contamos confidencias y chascarrillos no exentos en ocasiones de fina ironía y porqué no decirlo, de mala baba, pero siempre "desde el cariño". Hay alguno que de vez en cuando amenaza con darse de baja del grupo, al considerarse no suficientemente respetado o pensar que no tiene tiempo para tonterías y "mariconadas". Lo cierto es que , amén de otras cosas, este sistema me ha permitido contactar de nuevo con personas a las que, casi nunca de forma premeditada, había perdido la pista, y ahora vuelven a formar parte de mi gente.
 
    Hace unas noches, con algunos de mis amigos "jugamos" a recordar canciones de nuestra época de ligoteo, en fiestas particulares o en las incipientes discotecas de hace ya no sé cuantos años. Las nuevas tecnologías permiten, no sólo recordar los intérpretes y títulos de las susodichas canciones, sino también enviar los enlaces correspondientes del maravilloso Youtube. En estos links, como los llaman los entendidos, no sólo se puede volver a escuchar los "temazos" de la época, sino ver imágenes de los grupos y solistas con sus vestimentas y coreografías, que en su mayoría no han sido demasiado bien tratados por el paso del tiempo.
 
    Incluso, rizando el rizo, nos hemos atrevido a confeccionar un ranking, top ten o como lo queramos llamar, de las canciones que más nos evocan aquella gloriosa etapa pasada de nuestras vidas. ¿Qué sería de nuestra vida sin la música?
 
    Han sido cientos las canciones compartidas a través de la red, espero que de esto no se entere ningún jerifalte de la SGAE, pero para simplificar la cuestión, sólo hemos votado las baladas, "las lentas" para que nos entendamos, aquellas que a todos nos gustaban para bailar agarrados a la chica que nos ponía y que, en no pocas ocasiones, desaparecía de la pista en dirección a los baños, cuando bajaba la intensidad de la luz y terminaban las de ritmo más "alegre" o movido.
 
    El ranking resultante de la votación ha sido:
 
1. Killing me softly with his song       de Roberta Flack
          
 
2. Whitout you                                     de Nilsson
         
 
3. Too much heaven                             de Bee Gees
 
 
4. Je t'aime...moi non plus                    de Jane Birkin
 
 
5. La quiero a morir                              de Francis Cabrel
 
 
6. Reunited                                            de Peaches and Herb
 
 
7. I can't tell you why                            de Eagles
 
 
8. Bright eyes                                         de Art Garfunkel
 
 
9. Amore grande, amore libero              de Il guardiano del faro
 
 
10. Ne me quitte pas                             de Jacques Brel.
 
 
   
 
 
Ya sé que hay muchas buenísimas que se han quedado fuera, pero esta ha sido nuestra votación, se acepta comentarios, críticas, aportaciones, etc.
 
EL JUEGO PUEDE SEGUIR.

martes, 19 de agosto de 2014

CRISTINA Y LA JIMAGUA (II)

    Aunque como estudiante había visitado en no pocas ocasiones la capital, ahora La Habana presentaba un aspecto distinto, más radiante, más suyo. Lo único que llevaba mal era el recuerdo de su hermana María y las lecturas nocturnas con su madre, las echaba de menos no tanto por el contenido de las historias que compartían sino por el clima mágico que se creaba entre las tres.

    Cristina siempre se había mantenido hasta ahora ajena a la vida política de su país, sabía que gobernaba Fulgencio Batista desde hacía muchos años pero ignoraba que éste era la cabeza visible de un régimen corrupto y dictatorial. Cuando empezó a frecuentar los círculos intelectuales de La habana, invitada por una de sus compañeras,  fue tomando conciencia de la situación e informándose de los avances que desde el Este de la isla iba realizando un grupo de revolucionarios liderados por un tal Fidel Castro. 

    A la capital las noticias que llegaban sobre las escaramuzas guerrilleras que se iniciaron en Sierra Maestra hacía ya dos años, eran de todo punto manipuladas y censuradas, siempre según los intereses del dictador y su ejército. Un día de Febrero de 1958 llegó a la residencia de Cristina un telegrama enviado desde el pueblo por su madre, tuvo un mal presentimiento y un escalofrío recorrió su escuálida osamenta. Con avidez y temblor al mismo tiempo abrió el sobre y pudo leer el siguiente texto: “Tu hermano Francisco fallecido en la guerra defendiendo a la Patria en Santiago”. 

    Pese a que lo importante e irreversible era la muerte de su hermano, apenas dos años mayor que ella, no podía evitar plantearse el interrogante de en qué bando estaba Francisco y no lo supo hasta días después, cuando acudió al funeral, celebrado con honores de héroe y presidido por un capitán del ejército de Batista. Un gesto de rabia se dibujó en su rostro, rápidamente abortado por Adela, su hermana mayor. La represión contra todo aquel que mostrara simpatía por los insurgentes era creciente y despiadada lo que alentó el espíritu revolucionario en Cristina, aunque ello en alguna ocasión entrara en colisión con el hecho de que el ejército comandado por Fidel Castro hubiera dado muerte a su querido hermano.


    Pasaron los meses y el 1 de Enero de 1959 se proclamó definitivamente el triunfo del Ejército Revolucionario ante la algarabía generalizada del pueblo cubano. Tres meses más tarde Cristina acudió a una fiesta que se celebraba en un céntrico restaurante de La Habana, acompañada por Clara, su compañera en la escuela y su mejor amiga, ambas habían sido invitadas por el novio de Clara, suboficial del nuevo ejército revolucionario. El trasiego de militares por el local era incesante pero Cristina se fijó especialmente en un joven vestido de paisano, embutido en un elegante traje de lino blanco. Sus miradas se cruzaron en un par de ocasiones hasta que el desconocido se acercó a la mesa de Cristina y amablemente la invitó a bailar, sonaba una conga del Conjunto Casino. Durante el baile intercambiaron algunas frases de presentación y más de un arrumaco concupiscente  y de vuelta a la mesa, ya había una silla dispuesta para el joven por Clara, que unos minutos antes se había percatado de la cara de satisfacción de su amiga. El joven en cuestión se llamaba Armando Mendoza y era médico en el Hospital General de La habana. De vuelta a casa Cristina, poco dada a hablar de su vida privada, confesó a su amiga su convencimiento de que Armando era el hombre de su vida.

jueves, 14 de agosto de 2014

CRISTINA Y LA JIMAGUA (I)


    La vida nunca trató demasiado bien a Cristina, a sus 79 años ha tenido que enfrentar tantas situaciones adversas que la mayoría de los mortales habría claudicado mucho tiempo atrás. Nació en un pequeño poblado cerca de La Habana, en una hacienda que su padre pudo comprar después de mucho esfuerzo,  a lo que se sumó un golpe de suerte consistente en un premio importante de la Lotería de la época. Sus primeros años transcurrieron más o menos plácidamente, era la  quinta de seis hermanos y aunque no nadaban en la abundancia, tampoco pasaron nunca penalidades a diferencia de la mayoría de las familias de la comarca.
    Los mejores recuerdos de su niñez se centraban en la figura de su madre, Doña Adela,  una esbelta asturiana que emigró a Cuba en 1923, siempre fue una mujer cabal, instruida, entregada a las obligaciones sin expresar nunca un ápice de lamento o queja y cariñosa, ese cariño que no atosiga pero que se siente en lo más profundo y se rememora como un bálsamo en los momentos más duros de la vida. Doña Adela siempre inculcó en Cristina y su hermana pequeña, María, el hábito de leer y a las dos dedicó muchas horas al final de cada dura jornada.
    El padre de familia, Don José, era un hombre tosco y serio, pero muy trabajador, su carácter se fue agriando cuando empezó a abusar de la bebida y sobre todo a frecuentar lugares de dudosa reputación. Finalmente, una noche marchó a La Habana a comprar unas herramientas para la hacienda y nunca regresó. Al principio fue un duro golpe para todos y provocó cierto desconcierto en la organización del trabajo diario, pero en unos meses su ausencia resultó ser un alivio para la familia incluso para la cuadrilla de jornaleros que empezaban a mostrar  su hartazgo ante el trato despótico que les daba Don José.
    Unos años después Cristina se graduó como maestra y empezó a dar clases en una escuela de primaria en La Habana, donde se instaló en un pequeño apartamento compartido con dos compañeras.

lunes, 11 de agosto de 2014

REFLEXIONES ESTIVALES



"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo".
(F.Nietzsche)
 

"Formar parte de la manada da seguridad, somos seres sociales y eso nos enriquece, pero si la manada nos enmudece y nos impide tener iniciativas "por nuestro bien", es mejor rebelarse y caminar solo".
(Petrus Rypff)

 





“Al admirar demasiado las virtudes ajenas se puede perder el sentido de las propias, y no ejerciéndolas, olvidarlas completamente, sin poder reemplazarlas por las ajenas”.
(F.Nietzsche)


 "Intenta aprender de buenos maestros, su sabiduría alumbrará tu mente, pero sigue tu propio método, los patrones de otros te llevarán por el camino equivocado".
(Petrus Rypff)





“En todas las instituciones donde no penetra el aire de la plaza pública crece, como un hongo, una corrupción inocente".
(F. Nietzsche)
 

"En las instituciones políticas de nuestro país no sé si penetrará el aire de la plaza pública, lo que sí es seguro es que la corrupción que crece en ellas es totalmente indecente".
(P. Rypff)




 
Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti. (F. Nietzsche)




Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.
(Sam Keen)




La nostalgia es el reproche del olvido, el perfume de las cosas que has querido y ya se han ido.



La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos.
(R. Tagore)