miércoles, 16 de abril de 2014

LUNA DE PRIMAVERA

   Hasta hoy no he sabido que la Luna de primavera era especial, nunca había reparado en ello pero, hace dos noches de casualidad la vi justo enfrente de mí, estaba solo, en un parque, dando un pequeño paseo, tropecé con un banco de madera y me senté. No podía apartar la mirada de Selene, así la llamaban los antiguos griegos, la contemplé durante no menos de media hora, abstraído, no sabía qué tenía de especial pero su luz era diferente a la de otras veces, grande, hermosa, espectacular. Una chica se sentó a mi lado en el banco, noté sin mirarla que se acercaba con ternura, sin decir nada me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Pasaron unos minutos, yo no podía hablar, sólo sentía la presencia de dos entes muy especiales, una allá arriba, deslumbrante y bella, otra, pequeña, cercana, pero igualmente encantadora. No me dijo su nombre, me cogió de la mano y me invitó a dar un paseo. El suelo estaba algo mojado por el rocío. Apenas intercambiamos unas palabras, eso sí, cargadas de una ternura indescriptible, nuestras miradas se cruzaron en un par de ocasiones. El resto del tiempo mis ojos y los suyos no podían hacer otra cosa que contemplar la belleza de la Luna de Primavera, allá en lo alto, poderosa, resplandeciente, enorme, insinuante, como si nos quisiera decir algo...








En la mitología griega, Selene  era una antigua diosa lunar, hija de los titanes Hiperión y Tea. Su equivalente en la mitología romana era la diosa Luna. Su nombre está conectado con selas, «luz». Selene terminó siendo suplantada  por Artemisa, de forma que los escritores posteriores la describían como una hija de Zeus o de Palas. 

En la genealogía divina tradicional, Helios, el sol, es su hermano: después de que éste termine su viaje a través del cielo, Selene comienza el suyo cuando la noche cae sobre la tierra. 













1 comentario:

Jamaica dijo...

Bonito relato. Selene, Helios....dos hermanos o dos amantes que nunca logran encontrarse; cuando uno llega el otro marcha, cuando uno marcha el otro llega. Es el devenir de la vida, la alternancia, la dualidad, el blanco y el negro, el amor y el desamor, la alegría y la tristeza. Lo uno sin lo otro mengua de valor y se hace monótono, imperceptible, vanal.
Un "Petrusaludo"