lunes, 3 de marzo de 2014

CAMBALACHE

“La democracia es el menos malo de los sistemas políticos” (Winston Churchill)

   Nuestros políticos, se pongan como se pongan, han perdido en una inmensa mayoría, toda la credibilidad, sólo espero que en sucesivas convocatorias electorales, el voto en blanco vaya subiendo, hasta que las fuerzas políticas existentes modifiquen de forma drástica su forma de organizarse y dirigirse, convirtiéndose en verdaderos partidos democráticos. Lo tienen muy difícil por su propio anquilosamiento y “rancio abolengo”, lo ideal sería que surgieran “fuerzas nuevas”, (no confundir con el nefasto partido liderado antaño por el innombrable B.P.), que partiendo de la “nada” sepan canalizar lo que los ciudadanos corrientes y molientes demandan, que no es otra cosa que el sentido común, dejando de lado los intereses partidistas y las prácticas de corrupción.
    Allá por Mayo de 2012 Miquel Casals Roma escribió un excelente artículo titulado EL FIN DE LA DEMOCRACIA, de él me permito ahora extraer un fragmento que tituló La manzana está podrida. Se puede decir más alto pero no más claro, vamos, las verdades del barquero.



 (Miquel Casals)

    ¿Qué les sucedió a las flamantes democracias surgidas tras la Independencia de los USA y la Revolución francesa? Que nada humano dura para siempre. Los sistemas políticos tienen su ciclo, como una manzana y el nuestro está más que podrido.

   Tras décadas de funcionamiento, las instituciones democráticas han ido pervirtiendo sus ideales, deslizándose por una suave pero continua pendiente de corrupción.  Las elecciones se han transformado en escaparate y desfile de técnicas de marketing e imagen, sin generar verdaderos y profundos debates de ideas. Con el tiempo fueron arrinconándose los ideólogos para que el protagonismo pasase a los asesores electorales.
   Al mismo tiempo la prioridad de los programas políticos ahora se limita a obtener votos. Por poner un ejemplo, Zapatero prometió a los votantes el cheque bebé, los descuentos del IRPF, los ordenadores en las escuelas. No eran medidas coherentes, ni buscaban efectos beneficiosos a largo plazo. Su principal objetivo era ganar las elecciones. Fueron tan poco consistentes que, después de aplicarse unos pocos años, se eliminaron de forma fulminante cuando las arcas del Estado se resintieron. Pura humareda, como la mayoría de promesas electorales. Muchas de ellas ni tan siquiera se cumplen, porque los políticos tienen poco apego a la verdad y mucho a los matices.

   Además están los casos de corrupción. Una larga lista de políticos ha utilizado su cargo para lucrase a costa de los ciudadanos. En este entramado ilegal no faltan los partidos políticos, siempre ávidos de dinero para financiar sus campañas electorales.

   ¿Y los partidos políticos? Un ingenuo creerá que son la máxima expresión de la pluralidad política, pero la realidad no es esta. Apenas existen diferencias de criterio entre unos y otros. Izquierda y derecha ya no tienen sentido.

  El derecho de voto ha sido vaciado de carga ideológica, es un lacónico trámite que consiste en marcar una equis, cada cuatro años, dentro de unas listas cerradas. Muchos votan para que no siga el que gobierne, o para castigarlo, en tan poco aprecio tienen su criterio personal. Tal es el desprestigio del sufragio universal por el que lucharon nuestros ancestros.

  Los políticos, a su vez, han ido perdiendo su conciencia de servidores y se han transformado en un clan privilegiado, que autorregula su status sin limitaciones, alejado de los intereses reales. Sólo cabe examinar sus expresiones para advertir en ellas soberbia, desprecio y muy poca humildad. El político que actúa por convicción propia, dispuesto a luchar contra viento y marea, es una especie extinta: nadie es capaz de contradecir las estadísticas, especialmente las tendencias de voto, aunque sea para el bien de todos. Éxito o fracaso se miden en función de los escaños obtenidos.





No hay comentarios: