sábado, 7 de diciembre de 2013

CALLEJÓN SIN SALIDA (III)

    Eran la 11:30 del día siguiente cuando la tía Cloti se presentó en la casa de su hermana. Después de darle muchas vueltas había decidido decir la verdad acerca de la entrevista con el abogado. Su cuñado la recibió y le pidió que no hiciera demasiado ruido porque Juana había pasado mala noche y ahora dormía en su dormitorio. Tras contar a Pedro lo ocurrido el día anterior, éste hizo un gesto de contrariedad y dijo que esa misma mañana a las 13 horas, tenían cita con el médico de familia para explicarle el estado anímico de Juana, a su debilidad física de las últimas semanas se sumaba un aislamiento progresivo, apenas hablaba, comía muy poco y daba la sensación de que se estaba abandonando a su suerte, como si deseara acabar con su vida de forma pasiva.

    Don Andrés escuchó atentamente a Pedro en su consulta del Centro de Salud e hizo un informe de derivación a las Consultas de Psiquiatría del hospital de referencia.

    Cuando el Dr. Rypff terminó de escuchar el relato de Juana, con las precisiones que de tanto en tanto iba haciendo Pedro, hizo algunas preguntas breves para aclarar alguna duda que albergaba y de forma inusual, se puso a buscar en su ordenador de sobremesa el número de teléfono del bufete donde ejercía su trabajo un abogado del que tenía muy buenas referencias y que contaba con experiencia en este tipo de casos. A continuación marcó en su móvil el número encontrado a través de Internet. Muy amablemente contestó una voz femenina, pensando que sería la auxiliar del abogado en cuestión, el Dr. Rypff le pidió que le pasara con aquel, a lo que la voz femenina contestó que D. Javier Quesada ya no trabajaba en el bufete, a lo que añadió que ella misma podría atender su demanda ya que era una de las abogadas titulares del despacho. Tras identificarse como psiquiatra, el Dr. Rypff hizo a la letrada una exposición rápida pero bastante detallada de lo ocurrido a su paciente, mantuvieron una conversación fluida durante unos minutos. Mientras tanto, Juana y su marido escuchaban atentamente. Cuando el Dr. Rypff colgó su móvil vió la cara de perplejidad de Juana, que aguardaba impaciente a que el galeno explicara la información obtenida. El Dr. Rypff escribió en una cuartilla el nombre del bufete, la dirección donde se ubicaba y el nombre de la abogada, añadió el día y la hora en que tendrían que presentarse allí, la semana siguiente, con todos los informes recopilados hasta la fecha, entre los cuales estaba el emitido por un médico forense de la Inspección de trabajo que reflejaba  claramente la relación de causalidad entre la transfusión de sangre realizada en la intervención quirúrgica practicada y el desarrollo de sus problemas hepáticos. El Dr. Rypff apostilló que por los gastos no se preocuparan porque la letrada se había comprometido a no cobrarles nada por la primera consulta y que si era cierto que había pruebas suficientes como así parecía, la demanda por negligencia iba a prosperar, y el bufete en ese caso se quedaría con un porcentaje muy razonable de la indemnización conseguida y si no prosperaba el equipo de abogados asumiría todos los gastos, incluidas las costas judiciales.
   
    Cuando el Dr. Rypff terminó su explicación, tanto Juana como su marido esbozaron una tímida sonrisa, estaban realmente asombrados de que en unos minutos, un panorama que parecía desolador se transformara en otro cuando menos esperanzador. El Dr. Rypff entonces, consciente que en esta ocasión había extralimitado sus funciones habituales, extendió un escueto informe en el que incluía la prescripción de una medicación que haría mejorar el problema de insomnio que aquejaba a Juana desde hacía meses. Estaba convencido de que las cosas iban a ir bien y ello iba a ser el mejor antidepresivo para su paciente. No obstante la citó para seis semanas después y advirtió a Pedro que si surgía algún contratiempo, no dudara en ponerse en contacto con él.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto promete. Me gusta

Unknown dijo...

Gratificante, emocionante y cargado de sensibilidad.
Siempre he apostado por las personas que pueden cruzarse en nuestro camino y que nos ayudan a soportar mejor las dificultades, contribuyendo a que nuestras vidas sean un poco más soportables.
En este sentido, tu bello relato me reconcilia con una idea un poco romántica si quieres, pero cargada de esperanza y realidad.
La he disfrutado mucho y espero seguir haciéndolo. Felicitaciones!.