sábado, 13 de abril de 2013

IMPRONTA INDELEBLE

    El viaje a Alemania ha cubierto de forma satisfactoria casi todas las expectativas que traía, la climatología no ha acompañado mucho, pero las predicciones meteorológicas daban frío para toda la semana y eché en el equipaje bastante ropa de abrigo para que las bajas temperaturas no fueran un inconveniente.

   Miriam, mi anfitriona en Berlín, ha sido muy gentil dándome alojamiento y acompañándome a lugares de la ciudad muy interesantes que no están incluidos en las guías turísticas, a pesar de que su apretado horario de trabajo no le dejaba mucho margen. La capital alemana es un lugar muy recomendable para visitar, actualmente es un centro cultural y artístico de referencia en Europa, está acogiendo a muchos jóvenes, de España y de otros países de todo el mundo, con talento e inquietudes creativas, que quieren abrirse camino y que, con la brutal política de recortes, lo tienen muy complicado en sus estados de origen. Pasear por sus calles y moverse en el eficiente transporte público, compuesto por una compleja red de autobuses, tranvías, metros y trenes de cercanías, todos ellos sincronizados para acortar las distancias en una urbe de considerable extensión, es muy enriquecedor y son innumerables los museos y actividades artísticas de vanguardia (exposiciones, conciertos, representaciones teatrales, etc.)  que se pueden disfrutar en Berlín. 

   No obstante lo más interesante de mi periplo alemán ha sido la visita a la maravillosa ciudad de Heidelberg. No es una gran urbe y ese sea quizás uno de sus atractivos, su centro histórico se puede recorrer a pie sin excesivo esfuerzo. Gran parte de la actividad de la ciudad gira en torno a su Universidad, la más antigua de Alemania (fue fundada en 1386 por Ruperto I, Elector del Palatinado), desempeñó un papel fundamental en la Reforma Protestante, allí defendió Martín Lutero sus tesis en 1518  y de ella han salido innumerables premios Nobel, en casi todas las disciplinas, entre ellos nuestro universal Severo Ochoa.

   Gran cantidad de jóvenes de toda Europa cursan en Heidelberg sus estudios universitarios, otros simplemente están allí para aprender alemán en sus numerosas academias, públicas y privadas. El ambiente es muy animado y todos sus establecimientos comerciales, de restauración y de ocio guardan una armonía estética envidiable y arquitectónicamente es de una belleza excepcional. Las vistas desde las montañas al otro lado del río Neckar son una maravilla, por ejemplo desde El Camino de los Filósofos.

    Uno de los propósitos de mi viaje era visitar la Clinica Psiquiátrica de Heidelberg, cómo no vinculada a la Universidad, un paseo por sus preciosos y amplios jardines interiores y por los distintos pabellones da una idea del alto nivel de calidad de los servicios que se presta a los enfermos mentales, los programas de atención ofrecidos están a la vanguardia en Europa y las instalaciones son magníficas.
   
    El conjunto dejó una impronta en el que escribe que espero sea indeleble y que sepa transmitir en la historia novelada que algún día relataré.

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