martes, 26 de febrero de 2013

RATZINGER Y DOCE AMIGOS

   Una vez anunciada su renuncia a seguir siendo Benedicto XVI, Joseph Ratzinger decide hacer un viaje privado a España, para despedirse de un nutrido grupo de jóvenes católicos, de los que guarda un excelente recuerdo tras su estancia en Madrid en Agosto de 2011, cuando dos millones de personas participaron en los actos centrales de las XXVI  Jornadas Mundiales de la Juventud. Después de un emotivo encuentro en la sede episcopal de la capital de España, el todavía Papa es acompañado por el presidente de la Conferencia Episcopal al Hotel Palace, donde se aloja por unos días. Antes de irse a descansar a su habitación, piensa que le vendrá bien tomar algo caliente en el bar del hotel.

   Tras una dura reunión del consejo de ministros, que acaba cerca de las nueve de la noche, varias horas después de lo habitual,  M. Rajoy convoca, a través de su móvil, al núcleo duro de su ejecutivo para tomar un refrigerio en el bar del Hotel Palace porque quiere anunciarles en una distendida reunión privada sus planes para los próximos meses. En dos coches oficiales salen desde el Palacio de la Moncloa sus ministros de más confianza y el propio Rajoy, cuando llegan al hall del hotel, el conserje anuncia de forma discreta a Don Mariano que el Papa está en un reservado del bar. Al cabo de unos minutos van apareciendo otros miembros del Partido Popular, Zaplana, Camps, Rato y para sorpresa de algunos, el controvertido Bárcenas. En total, diez prohombres del país y dos superministras.

   Rajoy entra con sigilo y educación en la estancia  donde está sentado Ratzinger, esperando que le sirvan su comanda. El presidente saluda respetuosamente a su Santidad, que le reconoce al instante, lo que aprovecha aquel para decir a Benedicto si da su aprobación para que, él y unos cuantos amigos y compañeros,  disfruten unos minutos de su grata y honorable compañía. El Papa consiente y uno por uno van pasando todos y se van sentando alrededor de tan ilustre visitante. En total son 12 personas, cual 12 apóstoles en torno al representante supremo de la Iglesia.
. Aparecen tres camareros con sendas bandejas y van sirviendo a cada uno, en primer lugar, a su Santidad: - Su descafeinado de máquina-, y después a cada uno de los prebostes peperianos, hasta llegar al último, L. Bárcenas: - Sus descafeinados de sobre-. El "Judas" del grupo comenta: - ¡Cómo nos conoces!
El todavía Sumo Pontífice al ver que su café es diferente pregunta a Rajoy en un perfecto español: - ¿Por qué sus cafés llevan ese paquetito?-, a lo que el presidente responde: - No se preocupe, Santidad, son cosas nuestras-. Ratzinger reflexiona y dice: - Si es bueno para ustedes, es bueno para mí- y levantando la mano añade, llamando la atención del mozo: - Camarero, sirvamé uno como el de mis amigos-. Ante esta curiosa situación, al unísono dicen todos: - ¡Qué aliado tan distinguido!

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