martes, 26 de febrero de 2013

RATZINGER Y DOCE AMIGOS

   Una vez anunciada su renuncia a seguir siendo Benedicto XVI, Joseph Ratzinger decide hacer un viaje privado a España, para despedirse de un nutrido grupo de jóvenes católicos, de los que guarda un excelente recuerdo tras su estancia en Madrid en Agosto de 2011, cuando dos millones de personas participaron en los actos centrales de las XXVI  Jornadas Mundiales de la Juventud. Después de un emotivo encuentro en la sede episcopal de la capital de España, el todavía Papa es acompañado por el presidente de la Conferencia Episcopal al Hotel Palace, donde se aloja por unos días. Antes de irse a descansar a su habitación, piensa que le vendrá bien tomar algo caliente en el bar del hotel.

   Tras una dura reunión del consejo de ministros, que acaba cerca de las nueve de la noche, varias horas después de lo habitual,  M. Rajoy convoca, a través de su móvil, al núcleo duro de su ejecutivo para tomar un refrigerio en el bar del Hotel Palace porque quiere anunciarles en una distendida reunión privada sus planes para los próximos meses. En dos coches oficiales salen desde el Palacio de la Moncloa sus ministros de más confianza y el propio Rajoy, cuando llegan al hall del hotel, el conserje anuncia de forma discreta a Don Mariano que el Papa está en un reservado del bar. Al cabo de unos minutos van apareciendo otros miembros del Partido Popular, Zaplana, Camps, Rato y para sorpresa de algunos, el controvertido Bárcenas. En total, diez prohombres del país y dos superministras.

   Rajoy entra con sigilo y educación en la estancia  donde está sentado Ratzinger, esperando que le sirvan su comanda. El presidente saluda respetuosamente a su Santidad, que le reconoce al instante, lo que aprovecha aquel para decir a Benedicto si da su aprobación para que, él y unos cuantos amigos y compañeros,  disfruten unos minutos de su grata y honorable compañía. El Papa consiente y uno por uno van pasando todos y se van sentando alrededor de tan ilustre visitante. En total son 12 personas, cual 12 apóstoles en torno al representante supremo de la Iglesia.
. Aparecen tres camareros con sendas bandejas y van sirviendo a cada uno, en primer lugar, a su Santidad: - Su descafeinado de máquina-, y después a cada uno de los prebostes peperianos, hasta llegar al último, L. Bárcenas: - Sus descafeinados de sobre-. El "Judas" del grupo comenta: - ¡Cómo nos conoces!
El todavía Sumo Pontífice al ver que su café es diferente pregunta a Rajoy en un perfecto español: - ¿Por qué sus cafés llevan ese paquetito?-, a lo que el presidente responde: - No se preocupe, Santidad, son cosas nuestras-. Ratzinger reflexiona y dice: - Si es bueno para ustedes, es bueno para mí- y levantando la mano añade, llamando la atención del mozo: - Camarero, sirvamé uno como el de mis amigos-. Ante esta curiosa situación, al unísono dicen todos: - ¡Qué aliado tan distinguido!

lunes, 25 de febrero de 2013

EL ENCANTADOR DE SERPIENTES IV (LA MANO NEGRA II)


Rancho Cotton-Cow  
AMARILLO-TEXAS, Condado de Potter.    

Un año después ...


   La hacienda que Francesco Corleone compró hace cuatro años a los herederos de Cornelia Wadsworth es, sin duda, una de las más grandes del estado de Texas. Ocupa 3500 Hectáreas ( algo más de 8400 acres) y se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la parte Este se sitúa una enorme plantación de algodón, altamente mecanizada, cuya producción se destina casi en su totalidad a la exportación. La parte Oeste es una explotación ganadera de más de diez mil cabezas de vacuno, en su mayoría de la raza Bradford.


   La cuenta de resultados del rancho no termina de dar muchas alegrías a Corleone, a pesar de la contrastada dedicación mostrada por toda la plantilla de trabajadores, que supera la centena. Con la llegada de Theo Schwann (Joe Barlow en realidad) como capataz general, las cifras que se reciben en la sede central de ACE en Los Ángeles, lejos de mejorar, han sufrido un ligero retroceso, pero lo que más preocupa al magnate son los rumores que  desde hace meses traducen el creciente descontento que muestran los empleados de la plantación algodonera, cuya gobernanta es su antigua secretaria, Lucy Berkley, quien desde la sombra, dirige los hilos de todo y "obliga" a su marido a tapar sus fechorías y a amedrentar a los trabajadores que no le bailan el agua. Esta situación ha provocado, sin que trascienda demasiado, más de un rifirrafe entre ellos, que ya no tienen la idílica relación de los primeros meses. Lo cierto es que el carácter bonachón, apacible, ecuánime, desinteresado y colaborador del Schwann (Barlow) de siempre, ha dado paso a un hombre irascible, obstinado, caprichoso, injusto y avasallador, conminado a no contradecir nunca en público a la arpía de su esposa a costa de quedar muchas veces como el don nadie que ha  sido toda su vida.
   
   Corleone decide mandar un emisario para que investigue in situ lo que está sucediendo. Para esta labor se decanta por Frank Medeiros, el secretario del Departamento de Personal. Haciendo un repaso a sus recuerdos del viaje a la India, a modo de flash-back, le vienen imágenes de la cena en el Restaurante Ahdoos en Srinagar y de la parte trasera del avión donde iban sentados Lucy y Theo como dos tortolitos. Llevado por su intuición y su sagacidad, llama a David Huxley, el jefe de seguridad de ACE, le pide que intente recuperar las grabaciones de las cámaras del interior del avión durante el viaje de vuelta de Shangai a Los Ángeles de hace un año.

   Frank y David son citados para el siguiente jueves en el despacho de Corleone. Sabedores de lo recto y exigente que es su jefe cuando manda personalmente un cometido como el actual, se presentan en las oficinas centrales de ACE una hora ante de la señalada en la misiva que se les envió días atrás. Sentados en la sala de espera uno junto a otro, no parece que haya una relación muy buena entre ellos, sin cruzar sus miradas en ningún momento, hablan de cosas vanales, sin querer hacer mención a la información recopilada. Medeiros parece esconder el dossier que porta bajo el brazo y Huxley guarda el DVD con la grabación solicitada en el bolsillo interior de su americana.

   A las nueve en punto la secretaria de Corleone hace pasar en primer lugar al jefe de seguridad. Tras el saludo protocolario, David coloca el DVD en el reproductor que hay junto a la elegante mesa de despacho del magnate, a los pocos segundos aparece en la pantalla del monitor la escena que Corleone esperaba con intriga, tras un cariñoso arrumaco de Lucy, el encantador de serpientes revela su verdadera identidad. Tras parar la reproducción, Corleone ordena a Huxley que investigue el pasado de Joe Barlow, utilizando todos los medios necesarios para ello. Antes de despedirse, David advierte a su jefe que no se fíe demasiado de lo que le diga el informador que aguarda fuera, sabedor de la complicidad pasada entre la antigua secretaria y Medeiros. Francesco agradece la profesionalidad de Huxley y se despiden con un afectuoso apretón de manos.

   Pasados unos minutos llega el turno de Medeiros, que entra en el despacho con claros signos de ansiedad, un ligero temblor de manos y unas gotas de sudor que se deslizan por su frente, delatan su inseguridad. Deposita el dossier mecanografiado sobre la mesa y se sienta sobre el borde del sillón confidente. Corleone coge la carpeta tras un frío saludo y empieza a leer el escrito. Cuando termina, se queda mirando fija e inquisitivamente a Medeiros y le pregunta: -¿Esto es todo?-. El secretario de Personal se aclara la garganta y responde: - He interrogado uno por uno a los 28 trabajadores de la plantación, a la Señorita Berkley y a Theo Schwann, están transcritas en el informe todas las declaraciones,  de forma literal, creo que se ha exagerado todo mucho, además, pienso que Schwann es un buen hombre, incapaz de obrar como dicen las acusaciones de los cinco operarios marcados con un asterisco, ya se sabe, en todos los grupos de trabajo hay rencillas y envidias, usted me ha pedido mi opinión y yo se la he dado, señor-. Corleone se toma su tiempo para responder, gira su sillón de director y mira por la cristalera que deja ver el puerto naútico de Los Ángeles al fondo y los rascacielos del WTC en un plano mas cercano. Recuerda la llamada desesperada de una trabajadora de Cotton-Cow el día anterior, en ella decía estar siendo víctima de una situación de acoso muy grave por parte de Lucy y Schwann, que esto no era nuevo pero que la violencia de este último se había vuelto insoportable los últimos días. De forma solemne, pero sin aspavientos, Corleone dice a Medeiros que se puede marchar y así lo hace. El magnate llama por el teléfono interior a su secretaria y le ordena que prepare todo lo necesario para volar en helicóptero al día siguiente hasta Amarillo.

   La aeronave de ACE toma tierra en el helipuerto del rancho Cotton-Cow, que se utiliza por primera vez en varios años. La llegada de Corleone coge por sorpresa al capataz jefe, avisado por radio sólo unos minutos antes por el piloto. Sujetándose con la mano el sombrero de cowboy, para evitar que el viento generado por las aspas del aparato lo arranque de su cabeza. Schwann saluda a su jefe y le pide que le acompañe a la oficina que es una dependencia de la casa colonial donde vive con su esposa, en el centro de la hacienda. Francesco agradece el refrigerio que le ofrece uno de los trabajadores y, dirigiéndose al capataz, le dice: - Y bien Barlow, quiero que me explique lo que está pasando aquí, y evítese los rodeos, excusas y pamplinas-. El capataz, desconcertado al escuchar de Corleone su verdadero apellido piensa: - Nadie salvo Lucy conoce mi verdadero nombre en este lado del país, ¿habrá sido capaz de traicionarme?-. Ante el silencio de Barlow, Corleone dice, levantando un poco la voz: - ¿Vas a hablar o llamamos a tu esposa y lo aclaramos todo de una vez?-. Casualmente, se abre la puerta y entra en el despacho Lucy, ataviada con un elegante traje de cowboy de corte femenino, saluda a su jefe: - Hola, Francesco, digo...Sr. Corleone, ¿Qué le trae por aquí, su casa?-. Su voz denota nerviosismo. El magnate dice sin ambajes: - Tengo información que compromete seriamente vuestra continuidad aquí, quiero escuchar una por una las versiones de los trabajadores de la plantación que figuran en esta lista. Espero que no se confirmen mis sospechas, por vuestro bien y la buena marcha del rancho. Mucho me temo que os habéis pasado de la raya y habéis traicionado de largo mi confianza-. La pareja da una explicación nada convincente para Corleone, plagada de contradicciones y excusas "baratas", intentando culpabilizar a un grupo de operarios a los que tachan de envidiosos, polémicos, vagos e ineficientes, todo lo cual no parece ser otra cosa sino la proyección de sus propias deficiencias, por no hablar de su corruptibilidad, reflejada claramente en la contabilidad del rancho, examinada con lupa por el equipo de economistas de ACE mes a mes, que encontró asientos sospechosos, facturas falsas de proveedores inexistentes, gastos sin justificar en mobiliario y herramientas que no está en ningún sitio de la hacienda y un largo etcétera de irregularidades. El informe emitido por dicho equipo es demoledor y no deja lugar a dudas.

   De los trabajadores de la lista entregada por Corleone a Barlow, la segunda en entrar es Tania Seighmour. Cuando empieza a hablar, con voz un poco entrecortada debido a la presencia del capataz al otro lado de la sala, Francesco reconoce a la persona que le llamó por teléfono unos días atrás. Entre sollozos cuenta una serie de tropelías cometidas por Barlow hacia ella y otras compañeras. Su discurso es tan coherente y parece tan sincero a la vista del magnate que, la interrumpe, se acerca a ella para consolarla y le pide que salga y comunique al resto de compañeros que ya no hará falta más declaraciones. La decisión está tomada, pide a Barlow que se siente frente a él y le plantea tres posibilidades, ahorrándole otras consideraciones, porque no es su intención abochornarlo: La primera es rescindir el contrato y devolverlo a Cachemira para que siga encantando serpientes allá. La segunda es que siga en la nómina de la empresa, trasladándole a Washington, para que, durante doce horas al día, haga sonar su flauta en el cementerio de Arlintong, delante de la tumba de su tío abuelo, Don Vito Corleone, para deleitar su alma con sus dulces melodías. La tercera es que coja sus bártulos, como ya hizo en Srinagar y se largue de Amarillo, eso sí, después de comunicar a las autoridades su verdadero nombre, lo que a buen seguro no le daría oportunidad de ir muy lejos, ya que es el único de su antigua banda que permanece en paradero desconocido.

   La intención de Corleone era meterle el miedo en el cuerpo, en realidad pensaba dejarlo ir sin denunciarle, como así hizo finalmente después de que el encantador declinara las dos primeras opciones.

   El helicóptero despegó de Cotton-Cow a las 20:30 con dirección a Palm Spring. La noche para Joe y Lucy fue larga y tensa, acabaron con una bronca monumental que hizo a Barlow tomar la decisión de marchar solo, a pesar de las súplicas de Lucy para que le permitiera ir con él e intentar arreglar las cosas. 

   A primera hora de la mañana, el Range Rover de Barlow salió del Rancho Cotton-Cow hacia el norte por la conocida Ruta 66. A unas cincuenta millas de Amarillo paró en un bar de carretera a desayunar. Mientras apuraba el último sorbo de su taza de café entró en el local una patrulla de policía y uno de sus miembros, dirigiéndose a él dijo: - Joe Barlow, queda usted detenido-. Le puso unas esposas al tiempo que su compañero le leía sus derechos. Mientras los tres se dirigían hacia el todo terreno aparcado junto al suyo, Joe giró la cabeza hacia el sur y pensó: - Esto no es cosa de Corleone, es demasiado elegante para hacer algo así, no hay duda, mi pesadilla finalmente se ha hecho realidad, aquella boa constríctor era mi bella Lucy....

domingo, 17 de febrero de 2013

EL ENCANTADOR DE SERPIENTES III (LA MANO NEGRA II)


    El avión privado de ACE aterriza a la hora prevista en el Aeropuerto de Los Ángeles. Corleone y Barlow (para el magnate todavía Theo Schwann) se despiden de Lucy y  son recogidos a la salida de la terminal por el chófer particular del magnate que les lleva a Palm Spring. A la llegada a la mansión son recibidos por Isabella, la esposa de Francesco que, informada por teléfono por su marido de la llegada de un invitado muy particular, ordena al mayordomo que le aloje en la habitación de invitados número 5. 
    
    Joe queda impresionado por la majestuosidad de la residencia de su nuevo jefe, los amplios espacios y la decoración tan funcional como elegante. Su dormitorio por un día es sobrio pero confortable. El cansancio por el largo viaje supera con creces su apetito a pesar de que en el avión sólo ha tomado un sándwich, un zumo de tomate y un café. Se da una reconfortante ducha y se dispone a dormir, antes activa el aire acondicionado ya que el calor es sofocante en esta época del año en California, nada que ver con los suaves veranos que recuerda de Ohio, al norte del país. Durante las primeras horas de la noche tiene un plácido sueño pero,  de forma abrupta, entra en una pesadilla que no olvidará en mucho tiempo. Se ve a sí mismo, ataviado con un elegante traje de encantador de serpientes, tocando una extraña flauta de metal y de pronto, del saco emerge, no una cobra como las que le han acompañado durante años, sino una enorme boa constríctor que se vuelve hacia él y en un rápido latigazo de su cuerpo, le rodea por la cintura haciendo que pierda el equilibrio y caiga al suelo. La presión que ejerce sobre su abdomen le dificulta la respiración y nota la cara congestionada, al instante, la serpiente dirige su impresionante boca abierta hacia el rostro de su dueño. Justo en el instante en que de forma irremediable parece que va a engullirle la cabeza, Joe se despierta sobresaltado. Agitado y con el corazón al borde del colapso, comprueba aliviado que es una pesadilla, la más horrible que jamás ha tenido. 
   
    Al incorporarse en la cama, se percata de que las cortinas del amplio ventanal están descorridas y la luz resulta cegadora. De pronto, el silencio se ve interrumpido por una dulce voz que le resulta familiar, es Lucy que porta en una bandeja un suculento desayuno que, a buen seguro, va a permitirle recuperar fuerzas y superar el mal trago pasado unos minutos antes.
     
     La secretaria se sienta en la cama junto a Joe y le explica que ha tenido una larga conversación con Corleone y ha pactado, pese a las reticencias iniciales de éste, que le permita iniciar una nueva etapa como gobernanta en el rancho de Amarillo, siempre que al nuevo capataz le parezca bien. De una manera sibilina, que es su modus operandi habitual, está tanteando a Barlow para que éste se pronuncie sobre si tiene interés por ella, más allá de la atracción física que ambos se han mostrado los últimos días. Tomando la bandeja con la mano izquierda, con el desayuno sin terminar, la deja sobre la moqueta y cogiendo a Lucy de la mano, la atrae hacia sí y la besa apasionadamente mientras desabrocha su escueto vestido. Ella hace lo propio con el pijama de Joe y se enzarzan en un tórrido encuentro sexual, que termina en un clímax sublime de ambos. Exhaustos y mirando hacia la ventana se dicen sin hablar: - aquí hay futuro-. Al rato los dos duermen abrazados durante algo más de una hora.

     Lucy se despierta primero y empieza a ronronear a su partenaire al tiempo que acaricia sensualmente su poderosa espalda. Su intención es sonsacarle información sobre su identidad verdadera y su pasado, aprovechando sus encantos y que Joe está todavía medio dormido. Barlow empieza a "largar" involuntariamente la información, guardada en su memoria durante años, acerca de sus oscuros antecedentes. Cuando se despierta del todo se queda mirando a Lucy que está esbozando una pícara sonrisa y le pregunta: - ¿Porqué estás tan contenta?-. A lo que ella responde: - Porque estoy feliz-. Está claro que ignora donde se está metiendo y que su pesadilla puede tener muchos visos de realidad.
 

jueves, 14 de febrero de 2013

EL ENCANTADOR DE SERPIENTES II (LA MANO NEGRA II)

    La cena transcurre en un ambiente cálido. Theo ha elegido los platos más representativos de la zona en la variada y selecta carta ofrecida por el chef del Restaurante Ahdoos. Como entrantes pide nedru yakni, hecho con raíces de loto cocidas con yogur y momos, una especie de raviolis blancos de verdura, cocidos al vapor, y como plato principal rishta, a base de carne de cordero picada con especias, servida en forma de albóndigas con salsa de yogur. Como bebida un té cachemirí salado llamado shiri, aromatizado con jenjibre y cardamomo, en infusión en un samovar con almendras peladas. 
    
     Mientras degustan la deliciosa comida, Theo explica algunas de las tradiciones religiosas y culturales de Cachemira, Francesco le escucha con deleite y Lucy parece abstraída, observa al encantador con ojos concupiscentes. Su jefe repara en ello e intenta con un leve codazo devolverla a la realidad, la secretaria recompone la postura. Tiempo atrás Lucy intentó  en más de una ocasión seducir con sus encantos a Francesco y éste le dejó claro que admiraba su entrega y profesionalidad, pero nunca iría más allá con ella. Con mucho sigilo se descalza el pie izquierdo y empieza a deslizarlo por debajo de la mesa a lo largo de la pierna de Theo que sorprendido, traga saliva y la mira de soslayo hasta que consigue proseguir su relato. 
    
       Corleone toma la palabra y explica a Schwann su plan, ideado durante la cena. Le propone trabajar para él como capataz en el rancho que tiene en Texas, a las afueras de Amarillo, intuye que con su poder de convicción podrá liderar un nutrido grupo de trabajadores que se ocupan de más de cinco mil cabezas de ganado y una de las mayores plantaciones de algodón del país. Le ofrece multiplicar por veinte su salario como encantador de serpientes y una casa para vivir dentro de la finca. Theo no sabe como digerir tanto golpe de suerte pero recuerda que en Estados Unidos es un proscrito y para darse un respiro y recapacitar un poco, solicita ir al baño. Una vez allí se lava la cara con agua fría y se observa en el espejo. Piensa que conservando su identidad falsa y con la distancia que separa Texas de Ohio, será muy difícil que alguien le descubra. - Las condiciones de Corleone son muy ventajosas-, se dice a sí mismo. Alijera su tumefacto bajo vientre en el WC y vuelve a la mesa con una sonrisa de conformidad y tras un apretón de manos con el magnate, pregunta cuando tiene que incorporarse a su nuevo trabajo. Francesco le indica que su avión vuela de regreso a Los Ángeles el domingo por la mañana. Theo hace inventario mentalmente de lo que necesita recoger para volver a su país y se da cuenta de que hay tiempo suficiente para embalar sus pertenencias de más valor, entre las que por supuesto incluye su valiosa flauta, que le acompaña desde niño.

     En el avión, Francesco Corleone se mantiene largo rato ocupado con su ordenador portátil y contando al piloto, que trabaja para él desde hace catorce años, su emocionante jornada de sábado en el Parque Dachigam. Mientras tanto, Lucy y Theo departen divertidos y con una inusitada complicidad en los asientos traseros del avión, apartados del "mundanal" ruido. La secretaria explica que está un poco cansada de su trabajo junto a Corleone y no le importaría dar un giro a su vida, puesto que nada le ata  a California desde que hace cinco años se divorció del pelmazo de su marido. Theo no da crédito a lo que entiende es una proposición "indecente" en toda regla, una rubia despampanante ofreciéndose en bandeja de plata a un don nadie que nunca ha tenido éxito con las mujeres...

         En un gesto de sinceridad, Schwann explica a Lucy que su verdadero nombre es Joe Barlow, que es una larga historia que algún día le explicará. Lucy, agradecida por la confidencia, le promete que guardará el secreto aunque queda intrigada y recelosa ante la reticencia de Joe a dar más detalles. Ambos intentan disimular, cambiando de tema de conversación, ante la llegada de Corleone a su zona de la aeronave. 
     

      Tras un vuelo sin incidentes relevantes, el avión privado con el rótulo de ACE toma tierra en el aeropuerto de Los Ángeles.

lunes, 11 de febrero de 2013

I DON’T BELIEVE IN MAGIC, BUT… (COINCIDENCE VS CAUSALITY)




    It seems pretty clear that sometimes things happen randomly. It’s well known that most events follow the cause and effect relationship, but sometimes one doubts whether or not there’s a rational explanation to things that come up. One may doubt whether or not these things happen because of causality or because of some estrange reason: spirit, mind power, cosmic energy, a hand from a passed-away relative… summing up, something mysterious outside the range of nature’s laws. I am myself a bit of a sceptic about paranormal forces, however, sometimes I feel unsure or I get stunned at certain events. Something similar happened to Dr Rypff during his last trip to Barcelona some days ago, leaving Black Panther aside. Let’s call them three funny anecdotes within barely 24 hours.

- Bus number 42:
    Petrus and his daughter come back from visiting Park Güell, wonderful by the way. They are actually in a bit of a hurry and getting into the first mayor road at sight they think of taking the city’s underground. They ask an old lady for the nearest station and she replies they can find one in less than a ten-minute’ walk. No far from there, they see some people, most of them tourists, waiting at a bus stop; among the foreigners there are two girls chatting in the Catalan language. The girls don’t seem part of A. Mas’s family so Dr Rypff approaches them and, hoping to get an answer in Spanish from them, asks them if there’s any bus to Las Ramblas o Plaça de Catalunya. One the girls answers friendly that bus 42 is due in five minutes and that Plaça de Catalunya is a stop in the bus’ rout. Dr Rypff spends this five minutes smoking, then the bus arrives and, surprisingly, everybody at the stop, tourists included, get on the bus. Once on, Dr Rypff asks the driver how much for two tickets, the driver answers annoyed -provably due to lengthy working hours- that €2.70, the exact amount Petrus gets after emptying his wallet. More people get onto the bus so they all feel squeezed into. Bumping and nudging ahead, everybody struggle to their seats. Petrus’ daughter, absent-minded as she is, stands scarcely five meters far from her dad, who is holding onto the iron bar vertically placed at the bottom of the bus. Few stops later, Dr Rypff sees himself surrounded by a gang of lovely old ladies. One of them asks him “Excuse me, are you getting down next stop?”, “Sorry but I can’t tell you because I’m going to Plaça de Catalunya and I don’t know which stop it is…”, “Don’t worry, we are getting down there too” she says “but look at the traffic, it’s terrible, and all the stops still to do… this bus won’t get there before 45 minutes!”. She carries on saying that very close from there there is an underground station they themselves are thinking of taking to save some time and that the same bus ticket can be used as an underground ticked free of charging. All in a sudden the bus stops, Dr Rypff calls his daughter who, despite being trapped among the people, makes her way out just before the bus doors close. The gang of old ladies go with the doctor and his child and in less than a minute they go underground. Petrus and his daughter keep a faster pace and they gain distance from the old ladies until one of then shouts “sir, turn RIGHT!”. So they do and they eventually step into the platform in time for the train. Five minutes later, exactly as the old lady had foretold, they get up to Plaça de Catalunya. Dr Rypff’s daughter’s face shines in wonder and astonishment as she beholds the grandeur of the square, dress up with Christmas lights, the beautiful buildings and the merry crowd going up and the down.


- Sant Andreu Pharmacy, 8.45 pm.
                
    Petrus and Zola Rypff travel from Plaça de Catalunya to Fabra i Puig station, the nearest station to their hotel and to Parc Esportiu de Can Dragó, where Heike Rypff has been running since 12 pm in a sport event lasting for 24 hours. As they were getting close, Heike phones his husband so he may be able to get her some pills, for her ankle is aching badly and she needs something to ease the pain in order to carry on the running. This task doesn’t seem as easy as it should be since they are now in the outskirt of Barcelona and they don’t know where to find a chemist still open on a Saturday night. As he’s trying to figure out where to find it, he randomly looks to his right and sees a pharmacy still lights on but half closed. “Let’s go and try” he tells his daughter “we may get there in time”. They run there and see a man wearing a white overalls stained with paint and carrying a ladder on his shoulder, “it’s closed” he says “we’ve been painting all week long so it’s been closed”. Yet disappointed, Dr Rypff doesn’t give up and asks “Is there any chemist inside?”, “Yes, that’s me” a friendly voice coming from the inside says “but I’m terribly sorry I can’t sell you anything because the computers are off.” Petrus explains him how urgently he needs the tablets to cure an osteorticular pain, no matter gel, cream… he lets the chemist know he’s a doctor, suggests several analgesics brands, even algesal cream… happily, the chemists says he can give him the latter, because he knows where exactly it is and its price, €12. Petrus opens his wallet, and how amazing! The exact amount he has left after a long day spending money down the drain. He pays, thanks the chemist and speeds to Parc Esportiu telling Zola she’d better walks faster.

    They finally get the athletics track where they immediately notice most runners are jogging slowly and heavily so exhausted they feel after 9 hours of non-stop running. The judges declare that only 91 out of 120 runners are still on the arena. On the scoreboard Heike’s score marks 63.3 Km, that’s 148 times around the athletics track, Petrus sees then his wife: she seems to be tired and in pain but her face shows self-confidence and satisfaction. It seems clear that none of the four world female champions in 24-hour run ahead overpasses her in either nerve or in pain bearing. Heike makes a pit stop to bathe her ankle with magic algesal, at least we all expect it to be magical. After a drink of isotonic water and a quick kiss she goes back to the running and Petrus admires the graceful movements of her wife after 9 hours running, no wonder why her fellow runners call her the Gazelle of Heidelberg.


- One familiar face.
   
    While Petrus and Zola go out for walk and lunch to a nearby shopping centre and, Heike had a four-hour rest at the hotel. When she finished, she tries to stand on her feet, every inch of her body is achy but the satisfaction for her success is stronger. Leaning on Zola she passes the gate out of the hotel where Petrus is packing a taxi with the driver’s help; then they get onto the car and leave for the airport. At the departures gate, Petrus asks one member of the airport staff for a wheelchair for his wife, who’s going to be now as the heroine of Barcelona-Heidelberg. She’s been the sixth leading woman, just behind the world-champion female contenders: a German, a Spanish-Basque, a Byelorussian and a New Zealander; plus a Scottish, Europe’s runner-up twice. It is worth mentioning that Heike had never run longer than 6 hours on an athletics track and has always hesitated about taking a Cooper test, designed to run as far as possible within 12 minutes to measure the hearth rate and some more stuff. Her opinion on this being that running around an athletics track is boring and fit only for hamsters.

    Heike feels terribly hungry and thirsty. As they have plenty of time, they go to a café near to the checking point. Before getting into the place, Petrus looks at an old man sitting on a bench. His face seems familiar to him; he can’t really tell if it is the face of any famous character. When they are all seated at the café, Petrus thinks of having a second look over the old man. He approaches the man and tells him he looks like the husband of a patient he treated 8 years ago in Heidelberg. Then he also asks whether he is from Lorca, a town in Murcia. Surprised, the man replies that his wife is indeed German, but from Frankfurt, never been in Heidelberg; and what’s more, he’s from the Region of Murcia, but not from Lorca, although he knows the city well. “By the way” he old man says “aren’t you a psychiatrist by any chance? Because that’s been the only professional my wife has ever had need of”. Dr Rypff nods, shakes hands with the old man and utters “auf Wiedersehen” as an apology for the disturb. Eventually, he goes back to his family. 


AND SOME OTHERS
SHALL OMIT US
IN THE BELIEF OF TRACKING EPIC TALES LONG IN OBLIVION
THEY SHALL EMBROIL CLEARLY
THOUGHFUL SOPHISMS 
THEY SHALL KEEP STRONGLY THEIR GRAVE SLOGANS, THEY SHALL CAST THEIR SPELLS

THEY SHALL PROSECUTE SYMPATHETIC, ORGIASTIC RITES.
SOMEONE NOWADAYS STILL BLESSES EXORCISMS AND REPRESSES SACRILEGIOUS SOULS

SOMEONE NOWADAYS STILL FABRICATES SUFFOCATING, DUMB DEEDS. 

domingo, 10 de febrero de 2013

EL ENCANTADOR DE SERPIENTES I (LA MANO NEGRA II)

   Tras resultar herido en una rodilla durante un tiroteo, mientras atracaba junto a la banda de los Malton la sucursal del Salin Bank de Michigan Street en Indianápolis, Joe Barlow consigue subir, con ayuda de C. Morton en la parte trasera del Jeep, que a toda velocidad conduce Patrick Malton en dirección a su centro de operaciones a las afueras de Toledo, al norte de Ohio, en el condado de Lucas. La herida sangra abundantemente hasta que Frank, el segundo y más perverso y sanguinario de los Malton, consigue aplicarle un torniquete en el muslo. Mientras tanto, Malcolm Reuters comprueba que la cuantía del botín, no alcanza ni de lejos las expectativas del plan previsto y por ello a la llegada del grupo a la guarida se establece una fuerte discusión entre los líderes de la banda, Patrick y Frank. Tras varias horas de tensa espera llega el Dr. A. Orson que, con su destreza habitual, consigue extraer el proyectil de la maltrecha rodilla de Joe, le aplica un vendaje compresivo y le prescribe los analgésicos y antibióticos pertinentes.
   
   Unos días después y ya bastante recuperado, aunque con una ostensible cojera, Barlow se plantea abandonar la peligrosa vida que desde hace años lleva junto a los Malton, que por otro lado, a pesar de su fidelidad sin límites, no le dan un trato demasiado digno. Finalmente decide marchar muy lejos. Un pariente le habló hace años de Cachemira, una exótica región de La India, antiguamente conocida como "el paraíso en la  tierra" donde podría iniciar una nueva andadura, alejado de sus mentores y sobre todo sin el desasosiego de poder ser capturado en cualquier momento y ver como cae sobre él el peso de la ley por sus múltiples violaciones de la misma. Reúne todo el dinero disponible tras vender sus escasas propiedades y liquidar sus cuentas con los Malton, que eso sí, le consiguen la documentación falsa necesaria para sortear los numerosos controles que a buen seguro tendrá que pasar en su largo viaje transcontinental.

   Pasadas unas semanas, Joe Barlow llega por fin a Nueva Delhi, ha necesitado varias escalas en distintas ciudades del mundo y ahora le queda un largo trayecto en un tren de tercera hasta su ciudad de destino, Srinagar, en el Valle de Cachemira (Vale of Kashmir) perteneciente a Jammu y Cachemira, el estado más septentrional de La India. Exhausto por el largo viaje se instala en un hotel de la ciudad, no es nada lujoso pero la habitación parece suficientemente amplia y confortable como para proporcionarle el descanso que de forma imperiosa necesita. Barlow siempre ha sido un virtuoso de la flauta y ante las escasas expectativas de encontrar un trabajo estable, acepta la oferta del encargado de un tugurio a las afueras de la ciudad para ejercer como encantador de serpientes. En pocas semanas el local consigue mejorar su reputación en la ciudad y Barlow empieza a ser un reclamo interesante para los turistas, ante el regocijo de Wiswanathan Singh, el dueño.

   En la sede central de ACE, en Los Angeles, Francesco Corleone ultima con su equipo los preparativos para viajar a Shanghai, con el objetivo de cerrar una importante operación financiera con una empresa de telecomunicaciones ubicada en esa ciudad, que está atascada desde hace semanas. Al día siguiente su jet privado despega del Aeropuerto Internacional de Los Angeles (LAX) y unas horas después aterriza en el Aeropuerto de Shanghai Pudong. Tras unas horas de descanso en el más lujoso hotel de la ciudad, se reúne con el consejo de administración de TCS y con más brevedad de la prevista se consigue un acuerdo muy ventajoso para ambas partes. De vuelta al hotel recrimina a su delegado en Shanghai, Emil Lawton, su falta de habilidad en las negociaciones previas. Como compensación Lawton ofrece a su jefe un atractivo viaje de fin de semana al Valle de Cachemira, previamente ha dispuesto todas las medidas de seguridad necesarias, sabedor de que se trata de una región de alto riesgo. Entre los sitios a visitar está la ciudad de Srinagar, muy cerca del Parque Nacional de Dachigam, uno de los pocos sitios del mundo donde se puede admirar en libertad tigres y leopardos, entre otros animales exóticos, y practicar uno de los deportes favoritos del magnate, el trekking. Es viernes por la tarde y la excursión al parque está prevista para el sábado, así que Francesco pide a su secretaria que le acompañe a dar una vuelta por la ciudad. Según la guía que Lawton le ha facilitado, la ciudad ofrece una rica gastronomía local y Corleone no es muy amante de la cocina internacional de los hoteles de este lado del mundo. Justo antes de entrar en el restaurante elegido, Lucy, la secretaria, se percata de la algarabía proveniente de una calle cercana, donde más de un centenar de personas se arremolinan alrededor de un elegante encantador de serpientes, que con una melodía extraída de su flauta, consigue que una espectacular cobra, asome por la abertura del saco e increíblemente, repte en el vacío, desafiando las leyes de la gravedad. El público asistente rompe en una fuerte ovación y Francesco,  emocionado por el número circense, espera a que se disperse la muchedumbre y aborda al artista mientras éste recoge sus bártulos, ante el gesto de complicidad de su secretaria, que minutos antes había cruzado una mirada lasciva con el "encantador". En un perfecto inglés que sorprende a Corleone, se identifica como Theo Schwann y explica que es norteamericano de origen pero que lleva en India más de diez años. Intrigado por la historia, Francesco invita a Theo a cenar y este acepta argumentando que no puede declinar el agasajo de tan ilustres visitantes.