lunes, 7 de enero de 2013

¿QUIÉN CREE EN LAS MEIGAS? (CASUALIDAD VS CAUSALIDAD)


     Parece claro que muchas veces las cosas ocurren por azar. De todos es sabido que en la mayoría de acontecimientos existe una relación causa-efecto, pero a veces, a uno le queda la duda de si en algo que nos ocurre, existe una explicación racional, se debe a la casualidad o hay algo extraño que lo origina, llámese milagro, influencia de algún espíritu, poder de la mente, energía cósmica, una mano que nos "echa" un pariente fallecido, en fin, algo misterioso que escapa a las leyes comúnmente aceptadas. Yo suelo ser bastante excéptico respecto a los fenómenos paranormales pero, a veces albergo dudas o, al menos, me quedo algo perplejo ante determinadas situaciones. Algo parecido le ocurió al Dr.Rypff en su último viaje a Barcelona hace unos días, al margen de su encontronazo con "la pantera negra". Digamos que fueron tres anécdotas curiosas que transcurrieron en el transcurso de menos de 24 horas:

   -  Autobús 42:
     

    Petrus y su hija bajan de visitar el Parque Güel, precioso por cierto. Tiene algo de prisa y en la primera avenida grande que se encuentra, se plantea coger el metro. Pregunta por la boca más cercana y una educada señora mayor le dice, que la más próxima está a no menos de 10 minutos andando. Al mirar hacia su izquierda ve un nutrido grupo de personas en una parada de autobús. Al acercarse se da cuenta de que casi todos son turistas extranjeros, pero ve a dos chicas que parlotean en catalán. No le da la impresión de que sean familiares de A. Mas por lo que se acerca y con la esperanza de que le respondan en castellano, les pregunta si por esa parada pasa algún autobús que vaya a Las Ramblas o a la Plaza de Catalunya. Una de ellas, muy amable, contesta que, efectivamente, el 42 llega en unos 5 minutos y tiene parada en la mencionada plaza. El Dr. Rypff aprovecha esa pequeña demora para fumar un cigarrillo. Cuando llega el autobús, da la casualidad de que todo el grupo de guiris se apresura a subir, también lo hacen las dos chicas informantes que, amablemente, ceden el paso a Petrus y a su hija. El Dr. Rypff pregunta al conductor el importe de dos tickets y éste, con desgana, seguramente porque lleva muchas hora al volante, responde que son 2.70 Euros, justo la cantidad que Petrus lleva en la mano tras vaciar el monedero. Tras las dos chicas empieza a subir al bus una veintena más de viajeros, lo que unido al hecho de que el autobús ya venía bastante lleno, convierte aquello en una auténtica lata de sardinas. Entre empujones y codazos, cada uno se va posicionando en un reducido espacio. La hija de Petrus, un poco despistada ella, queda a no menos de 5 metros de su padre que tiene que situarse en un peldaño de la puerta trasera, agarrado como puede a una barra vertical milagrosamente colocada a su lado. Tras 5 paradas, se coloca a su altura una señora entrada en años y tras ella un grupo de venerables ancianitas. La señora entrada en años pregunta a Petrus si va a bajar en la siguiente parada, el Dr. Rypff, girando la cabeza, responde que no lo sabe muy bien, que se dirige a la Plaza de Catalunya y no sabe cual es la parada. La señora responde que ellas van al mismo sitio pero que, tal y como va de cargado el autobús, con las paradas que faltan y el tráfico denso existente a esas horas en la ciudad, no van a tardar menos de 45 minutos. Le comenta que muy cerca hay una estación de metro que ellas van a utilizar y que en menos de 5 minutos, estarían en el destino, además el mismo ticket del bus da derecho a subir al metro sin coste adicional. Segundos después el autobús se detiene, el Dr.Rypff llama a su hija, atrapada entre la muchedumbre, pero haciendo un esfuerzo, llega a tiempo de bajar del autobús justo antes de que se cierre la puerta. El grupo de ancianas acompaña a nuestros protagonistas y en 30 segundos empiezan a descender la citada entrada al metro. como ellas llevan un paso más lento, Petrus y su hija ganan unos 50 metros pero, pese a la distancia, consigue escuchar como la señora entrada en años grita: - A la dereeecha-. Efectivamente, nada mas girar en esa dirección, se encuentran el andén y un minuto después llega el tren. A los 5 minutos, como había pronosticado la señora, bajan del convoy, suben unas escaleras y salen a la Plaza de Catalunya. La expresión de la hija del Dr. Rypff es de asombro y alegría al contemplar la majestuosidad del lugar, engalanado con luces y adornos navideños, los formidables edificios que conforman la plaza y el gentío alborozado que se desplaza en todas direcciones.
    - La Farmacia Sant Andreu (20:45 horas): Petrus y Zola Rypff viajan en metro desde Plaza de Cataluña hasta la estación de Fabra i Puig, la más cercana a su hotel y al Parc Sportiu de Can Dragó, donde Heike Rypff lleva corriendo desde las 12 de la mañana en una prueba que dura 24 horas. Cuando está casi llegando al recinto deportivo suena el móvil de Petrus, es Heike que, aquejada por un fuerte dolor en el tobillo, pide a su marido que intente conseguirle algún analgésico local que le permita continuar la carrera con algo menos de dificultad. La tarea encomendada no parece fácil dado que estamos en una zona periférica de Barcelona y no parece que pueda haber una farmacia abierta cerca, un sábado por la noche. Mientras piensa en qué solución puede dar a la situación planteada, de forma mecánica, gira la cabeza a la derecha y ve una farmacia iluminada pero con la persiana a medio bajar. Petrus dice a Zola: - Si nos apresuramos, quizás podamos entrar en esa farmacia antes de que cierren-. A la carrera, llegan a la puerta en el momento que un hombre con un mono blanco lleno de salpicaduras de pintura y una escalera al hombro, sale en dirección a ellos, les dice que está cerrado, que de hecho, están de reformas y que no han abierto al público en toda la semana. Pese a su decepción inicial, el Dr. Rypff no desespera y pregunta si está dentro el farmaceútico o alguien que pueda dispensar un medicamento. Al instante aparece desde la trastienda el que de forma cordial, dice ser el farmaceútico, y añade que lo siente mucho, pero no puede vendernos nada, porque está desconectado el sistema informático.
   Petrus le explica la urgencia del caso, le pide algo para calmar un dolor osteoarticular, aunque sea un gel, pomada o lo que sea. Se identifica como médico, sugiere varios nombres de analgésicos, incluido el conocido de todos, Réflex. Esta opción es tomada como buena por el boticario, entre otras cosas, porque lo tiene localizado en la vitrina de productos de uso común y se acuerda del precio, 12 €. Petrus se mira en la cartera y, qué casualidad, lleve exactamente esa cantidad, después del día de gasto que ha tenido con Zola. Dándole las gracias se despide del farmacéutico y pide a su hija que acelere el paso para aliviar cuanto antes a mamá el dolor de tobillo.
   Al llegar a la pista de atletismo, llama la atención el paso cansino que lleva la mayoría de los atletas. El cansancio empieza a hacer mella, llevan ya más de nueve horas corriendo. Anuncian por megafonia que de los 120 corredores de la partida, sólo quedan en competición 91. A su paso por la zona de meta, el marcador electrónico instalado ahí estratégicamente, marca para Heike 63.3 Km recorridos, lo que equivale a 148 vueltas. Aunque da muestras de cansancio y dolor en el pié, su cara refleja confianza y satisfacción. Está claro que en capacidad de sufrimiento y pundonor, no la supera ninguna de las cuatro campeonas del mundo de pruebas de 24 horas que lleva delante.
   Heike para en zona de bóxes para aplicarse el spray milagroso, al menos eso es lo que esperamos todos que sea. Tras acabar la operación y beber dos sorbos de bebida isotónica, reemprende la marcha, lanzando previamente un tímido beso a Petrus, que admira el grácil correr de su esposa cuando lleva más de 9 horas y media al galope, por algo es conocida, entre sus compañeros de entreno, como la gacela de Heidelberg.

    -  El rostro familiar: Tras cuatro horas de descanso en el hotel, aprovechadas por Petrus y Zola para comer en un centro comercial anexo, y para dar un plácido paseo, Heike se pone en pié con muchas dificultades, le duele cada centímetro de su cuerpo, pero le queda la satisfacción del objetivo cumplido, y van....Apoyada en Zola, consigue llegar a la puerta del hotel, Petrus lleva el equipaje de los tres, con ayuda de la joven taxista introduce en el vehículo las maletas y marchan todos hacia el aeropuerto. Al entrar en la terminal de salidas, Petrus pide a un empleado de AENA una silla de ruedas que facilite el desplazamiento de su esposa, que a partir de ahora va a ser más conocida por sus compañeros de entrenamiento como la heroína de Barcelona-Heidelberg, no en vano ha quedado sexta en la general femenina, sólo superada por las antes citadas campeonas del mundo (una alemana, una vasco-española, una bielorrusa y una neozelandesa) y una escocesa, subcampeona de Europa en dos ocasiones.  Hay que tener en cuenta que Heike no ha corrido nunca más de 6 horas en una pista de atletismo y que, siempre ha puesto excusas a su entrenador para hacer un test de Cooper, consistente en correr 12 minutos en pista, para hacer un control de los metros recorridos en ese tiempo, la frecuencia cardíaca, y algún que otro parámetro. El argumento que siempre le da a A.M. es que dar vueltas a una pista es aburrido y digno sólo de un hámster.
    Heike comenta que tiene algo de hambre y, sobre todo, mucha sed. Como van bien de tiempo deciden sentarse en una cafetería situada justo antes del control de documentos y de equipajes. Antes de la entrada al lugar de "habituallamiento", Petrus se queda mirando a un anciano sentado en un banco. Su rostro le resulta familiar, no sabe si es por el parecido al malogrado J.A. Labordeta. El caso es que tras acompañar a sus chicas al interior del bar, y con la excusa de ir al baño, vuelve sobre sus pasos para reescrutar al anciano, se acerca respetuosamente a él y le dice que le recuerda al marido de una paciente suya a la que trató hace unos 8 años en Heidelberg, y si él es de Lorca, un pueblo de Murcia. Extrañado, el anciano le confiesa que su esposa efectivamente es alemana, pero que viven en Frankfurt, nunca han estado en Heidelberg, además, da la casualidad de que él es murciano, pero de la capital, no de Lorca, ciudad que conoce bien, pero que nunca ha sido para él ciudad de residencia. Posteriormente el anciano pregunta a Petrus: - ¿No será usted psiquiatra? Porque mi esposa es al único especialista que ha tenido que visitar en su vida..-. El Dr. Rypff niega con la cabeza, estrecha la mano del anciano y con un "aufidersen" de agradecimiento y perdón por las molestias causadas, se despide de él para reunirse con su familia.


Y OTROS 
NOS OMITIRÁN
CREYENDO RASTREAR ÉPICOS OLVIDOS
ENREDARÁN NÍTIDAMENTE
 LOS ATINADOS SOFISMOS
MANTENDRÁN ENÉRGICAMENTE INSIDIAS GRAVES, ACTIVARÁN SORTILEGIOS
PERSEGUIRÁN EMPÁTICOS RITOS ORGIÁSTICOS,
HOY ALGUIEN BENDICE EXORCISMOS, REPRIME LAS ALMAS SACRÍLEGAS 
HOY ALGUIEN INVENTA LERDAS ACCIONES SOFOCANTES.

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