lunes, 7 de enero de 2013

MARCADO "AUSENTE"


El siguiente relato fue escrito en 2008 por una niña de 12 años, hoy con 16, su capacidad creativa va in crescendo, 
   Gracias Menguita.



      Hoy, como todos los lunes a primera hora de la mañana, tengo cita con Víctor. Víctor es un pobre toxicómano conocido en todo el pueblo por agredir, robar y tener continuos enfrentamientos con la policía. Se trata de un chaval de unos 23 años de edad, aunque su físico aparenta casi 50. Antes de ser drogadicto habría sido bastante guapo porque tiene los ojos azules y grandes, y aunque ahora los tenga moribundos y apagados por culpa de las sustancias, el deterioro y la poca higiene, de pequeño seguro que fueron espabilados y alegres. Esta mañana abre la puerta, y, más muerto que vivo, se dirige hacia mí torpemente y se deja caer en la silla enfrente de mi mesa de despacho. Él dice que recuerda muy bien a sus padres, y se emociona cuando me habla de lo bien que le habían tratado y de lo afortunado que había sido en su infancia ya que se lo habían dado todo al ser hijo único. De hecho, su familia nunca había tenido problemas económicos y “hasta tenían una casa en la playa”… Víctor rompe a llorar. Se siente impotente ante esta situación, está convencido de que él no es drogadicto y siempre intenta convencerme a mí. Entonces, se siente muy solo y se da cuenta de la realidad y de que está aquí porque necesita ayuda psicológica y un tratamiento. En ese momento se asusta, se levanta, se aleja temeroso hacia la puerta, me dice que estoy loco y repite un par de veces la misma frase de siempre: - Yo no soy drogadicto, sólo me gusta probar cosas nuevas, esta semana lo dejo. Entonces yo intento calmarlo y le aseguro que se va a curar y que no dejaré que le pase nada. Se vuelve a sentar, aliviado, y me cuenta algo que no había querido contarme hasta ahora, y que tendría que haberme contado desde el principio: - Doctor, yo empecé con las drogas una noche, en una fiesta que había organizado un colega del barrio por mi cumpleaños, para que superara la muerte de mi viejo, pocas semanas antes. Fuimos a una discoteca a animarnos y allí nos encontramos con un camello que nos convenció para comprarle unos gramos de coca y cristal. Nosotros estábamos hasta arriba de alcohol y nos lo esnifamos. Pasaron unos minutos y nos pusimos a bailar con unas amigas que hicimos allí. Yo empecé a sentir cosas extrañas que pasaban por mi mente y veía luces que antes no veía, pero no sabría definir muy bien qué era. Se lo comenté a mi colega y me dijo que él también estaba sintiendo lo mismo, así que, al día siguiente fuimos otra vez a la discoteca y volvimos a comprar droga. Solíamos hacer lo mismo todas las semanas con lo que yo le sacaba a mi madre, hasta que un día, me enteré de que mi colega “la había palmao”. Yo sabía perfectamente de qué había muerto, pero me hice el tonto y no quise ver en qué nos habíamos convertido. Mi vieja también murió meses después y aquí estoy yo ahora, hecho un perro y esperando a que llegue mi día. Mi cuerpo, mi mente, mi sangre y mi vida están hechos de marihuana, hachís, cocaína, nicotina y de muchas otras sustancias que me superan a mí y a mis ganas de vivir. Por eso le necesito a usted, para que me ayude a dejar todo esto que me está matando. ¡Maldita sea! ¿En qué estaba yo pensando aquel día que se me ocurrió probar eso tan horrible y peligroso? Yo le receto unas pastillas y le advierto de que sólo se tome una cápsula al día, sólo una. Se marchó poco después. Ahora pasan las semanas y, como hoy, todos los lunes a primera hora de la mañana marco “Ausente” en la casilla del lunes a las 9’00 h. Aprovecho este tiempo para escribir lo que estoy escribiendo ahora, la vida de un toxicómano que tiró su vida a la basura por unos gramos en polvo o por unas jeringuillas, siempre que puede, porque no siempre tiene dinero para comerciar con los “narcos”, y entonces es cuando suele alterarse y volverse agresivo, pero al fin y al cabo, es una buena persona. Lo pe or es que personas como Víctor hay a montones en todos lados, que piensan que ellos tienen cabeza y que sólo quieren probar lo que se siente, y… un momento… ¿Esto qué es? Vaya, hay una nota encima de mi mesa con la fecha de hoy que asoma entre mis papeles, con una letra infantil pero aplicada, con falta de práctica y las letras grandes y temblorosas, veamos:    

     GRACIAS, DOCTOR. GRACIAS POR RECETARME ESTAS PASTILLAS, AHORA SÍ QUE ESTARÉ BIEN, AUNQUE NO VUELVAN A VERME POR AHÍ NUNCA MÁS. TOTAL, ASÍ NO HARÉ DAÑO A NADIE Y NO CREO QUE NADIE ME ECHE DE MENOS. ME TOMARÉ EL FRASCO ENTERO DE PASTILLAS DE UN TRAGO Y A ESPERAR EL RESULTADO. DOCTOR, USTED HA SIDO LA ÚLTIMA PERSONA CON LA QUE HE HABLADO Y LA QUE MÁS HA SABIDO ESCUCHARME, POR ESO LE DOY LAS GRACIAS. COMO NO VOY A VOLVER A VERLE, QUIERO DECIRLE QUE AUNQUE NO LO CREA ME HA AYUDADO MUCHO PERO ESTO ES UN INFIERNO, Y NO QUIERO SUFRIR MÁS. NO SE PREOCUPE POR NADA, Y NO INTENTE IR A BUSCARME A NINGÚN LADO PORQUE CUANDO LEA ESTO YA ESTARÉ MUERTO. HA SIDO UN PLACER CONOCERLE, DOCTOR. PD: TENÍA USTED RAZÓN, SÍ, SOY UN DROGADICTO, PERO NO SE EQUIVOQUE CONMIGO, PORQUE MUCHAS VECES LOS MÉDICOS DEBEN APRENDER DE LOS ENFERMOS. 

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